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de 25. Julio 2025

Cocina, territorio y memoria: el arte culinario mapuche de Juana Contreras


Hoy conversamos con Juana Contreras, mujer mapuche, nacida y criada en la comunidad Contreras, una comunidad grande del sur de Chile compuesta por más de 200 familias. Creció en una ruca junto a sus cinco hermanos, en un entorno marcado por la unidad familiar y el respeto por sus raíces. Viuda y madre de dos hijos, Juana ha dedicado su vida a trabajar por su pueblo. Es una mujer apasionada, miembro de la cooperativa de trabajo Inarrumen, que impulsa el turismo mapuche con una fuerte dimensión social, cultural y regenerativa. En esta entrevista, nos comparte cómo el turismo se ha convertido en una herramienta para sanar, fortalecer la identidad y transformar vidas, tanto en su comunidad como más allá de sus fronteras. También nos cuenta sobre su reciente participación en el Encuentro de las Américas de Turismo Social 2025, donde llevó la voz y la experiencia de su gente al mundo. Los invito a leer esta interesante entrevista.

Juana Contreras


¿Cómo nace Inarrumen y cuál es su propósito principal?

Nosotros antes vivíamos en seiscientas hectáreas, pero con la mal llamada pacificación nos achicaron porque les entregaron tierras a los colonos. Después de luchar como catorce años, logramos recuperar un territorio que era de nuestros ancestros, ochocientas cuarenta hectáreas de terreno, y ahí empezamos a trabajar unidos, éramos 82 familias. Estuvimos como tres años juntos, hasta que en el 2009 dijimos: ya, cada uno quiere su espacio, su casa, su pedazo para sembrar. Entonces nos dividimos, pero igual quedamos organizados como comunidad. Cada familia tiene goce de diez hectáreas, y se repartió por troncos familiares. Nosotros quedamos todos juntos: los primos, los hermanos, los hijos, la mamá.

Nuestra Lonco (lider de nuestro grupo familiar), que es una mujer muy sabia, dijo que nos mantuviéramos cerca, como vecinos, para poder seguir trabajando juntos. Ahí, al borde del río Quino, fue que dijimos: ¿En qué vamos a trabajar? Y nació la idea del turismo. Las mujeres dijimos: queremos hacer una ruta turística. Aunque una facilitadora nos dijo que no teníamos mar ni cordillera, igual nosotras nos motivamos más, porque tenemos río, historia y cultura. Decidimos formar una cooperativa, y aunque nos costó harto, desde el 2010 estamos trabajando unidas. Cada una con su oficio: unas con telar, otras con greda, otras con gastronomía que es lo que más me gusta a mí. Y ese es el corazón de nuestra ruta: mostrar el trabajo de las mujeres y dejar en alto nuestra cultura Mapuche.

turismo intercultural

¿Qué significa para ti el turismo intercultural y cómo lo llevas a cabo?

Mira, para nosotros el turismo es una herramienta, un medio. Pero lo que realmente queremos hacer es turismo Mapuche, así, a seca. Y es importante decir que a nuestras visitas no les llamamos turistas, porque el turista normalmente va a un lugar, lo atienden, le pasan una cabaña, come en un restaurante, y listo. En cambio, el turismo que nosotros hacemos es distinto, es desde nuestra forma de ser Mapuche. Cuando recibimos visitas, dejamos nuestras labores del campo y nos preparamos: física y emocional, porque para nosotros recibir a alguien es algo importante. Queremos atenderlos bien, escucharlos, compartir.

Si quieren cocinar, vamos juntos a la huerta, buscamos los huevos, elegimos un pollo. Si quieren una cazuela, un pollito escabechado o carne ahumada, todo se hace con nuestras propias manos, con lo que tenemos. Así entendemos el turismo: como una visita a nuestra casa, a nuestra vida. Les contamos nuestra historia, les mostramos los sitios importantes para nosotros, compartimos la comida, conversamos. Si quieren descansar, caminar por el campo, abrazar un árbol, leer un libro, también hay espacio para eso. Nuestra ruta se emplaza en 50 hectáreas y las personas se alojan en casas de familia, no en hoteles.

Lo que ofrecemos es vivir la experiencia real de cómo vive una familia Mapuche, con todo lo que implica: la naturaleza, el campo y nuestra cosmovisión. Y claro, todo esto es intercultural. La gastronomía es parte fundamental de lo que hacemos, y ya la hemos llevado incluso a la alta cocina.

descubre la gente

¿Cuál sientes que es el mayor desafío en ser un grupo de mujeres mapuche dedicadas al turismo?

Nosotras no sentimos que ser un grupo de mujeres mapuche haya sido un problema o una barrera en el mundo del turismo. Al contrario, ha sido una fortaleza. Las mujeres somos perseverantes, buscamos soluciones cuando algo no resulta, y seguimos adelante con nuestros sueños. Lo más desafiante ha sido levantar una iniciativa económica en un contexto de pobreza, donde la tierra se achica y está cada vez más agotada. Por eso, cuando recuperamos nuestro territorio, quisimos crear una forma de desarrollo que fuera coherente con nuestra identidad y que nos permitiera vivir mejor sin dejar de ser quienes somos.

El turismo que hacemos no es masivo ni comercial. Lo entendemos como una forma de compartir nuestra cultura con respeto y cuidando la Ñuke Mapu, nuestra madre tierra. Aprendimos a organizarnos en la cooperativa, a trabajar en comunidad, y a mantener el equilibrio entre lo económico, lo espiritual y lo cultural. No trabajamos por ambición, sino cuando estamos bien física y mentalmente, porque eso también es parte de nuestro bienestar.

cultura Mapuche

Gastronomía Mapuche

¿Cómo describirías la gastronomía mapuche para alguien que nunca ha tenido contacto con ella?

La gastronomía mapuche es, ante todo, sana, ancestral y profundamente conectada con la tierra. Yo le diría a cualquiera que se atreva a probar lo que preparamos, porque es una cocina basada en nuestras semillas, plantas medicinales y alimentos tradicionales, como lo hacían nuestros abuelos. Mi abuelo, por ejemplo, vivió casi cien años alimentándose con estos productos, y estaba fuerte, lúcido, con apenas un diente pero leyendo el diario todos los días. Nosotras estamos revitalizando los alimentos que nuestras madres y abuelas preparaban, para volver a comer lo que se comía antes, porque hoy en día la comida chatarra también ha llegado a nuestras comunidades. Por eso, hemos decidido no solo rescatar esa cocina, sino también innovarla, llevarla a la alta cocina sin perder su esencia.

Le llamamos gastronomía intercultural mapuche, porque fusionamos tradición con técnica. Por ejemplo, hacemos un pan llamado multrún, que es trigo cocido con todas sus partes, lo molemos y hacemos pancitos pequeños. Los salteamos con aceite de oliva y hierbas, y los servimos con salsas, como una de champiñones o de changle (un hongo nativo), o incluso chocolate si es dulce. También hacemos risotto de mote con vegetales y lo acompañamos con cerdo ahumado, criado naturalmente en praderas por una de nuestras socias.

gastronomía mapuche

Otro de nuestros platos estrella es el ceviche de cochayuyo, que no lo cocemos para mantener su textura agradable. Lo dejamos remojando, lo picamos con vegetales frescos de la huerta, cebolla morada, pimentón, choclo, arvejas, palta, limón, y la gente que antes decía que no le gustaba el cochayuyo termina encantada. Utilizamos ingredientes nobles como la linaza, la quinoa, el poroto pallay, el maqui, el poleo, la menta, todo de nuestra tierra. No usamos bebidas azucaradas, ni mayonesa, ni preservantes. Preferimos jugos naturales de hierbas, endulzados con miel si es posible. 

Nuestra propuesta no solo es sabrosa y saludable, sino que también tiene un trasfondo cultural. Cuando llegan nuestras visitas, les contamos la historia detrás de cada preparación. Porque no solo es comer, es conocer nuestra forma de vida. Les hablamos de que se tiene que alimentar para estar bien, porque creemos que la alimentación es medicina. Si te alimentas bien, piensas bien, trabajas bien y vives mejor. Esta gastronomía también es una forma de rescatar lo que se ha ido perdiendo, de honrar a nuestras abuelas y abuelos, y de enseñar a las nuevas generaciones que se puede comer sano, sabroso y consciente. A través de esta cocina, transmitimos nuestra cultura, nuestro amor por la tierra, y promovemos una mejor calidad de vida para todos.

¿Qué elementos de la cocina tradicional han incorporado con un enfoque más moderno o gourmet?

El cambio hacia una gastronomía gourmet surgió cuando nos dimos cuenta de que, si bien la cocina mapuche siempre ha sido abundante y casera, a veces no se presentaba de forma atractiva para ciertos públicos. Por ejemplo, una vez que se invitó a un ministro a una ruca, le ofrecieron una tremenda sopaipilla con mucho pebre y nosotros dijimos “¿Qué autoridad va a querer comer esto así?”. Ahí decidimos innovar sin perder nuestras raíces. Comenzamos a presentar nuestros platos como bocados pequeños, tipo cóctel, para que la gente pudiera probar un poco de todo, pero con una estética más cuidada. Fue un trabajo grande, pero así llevamos la cocina mapuche a la alta cocina.

Tuvimos la ayuda de chefs como Carlos Cocina, el de Cocina Sustentable del 13 C, él estuvo en nuestra ruta y nos confirmó que nuestras preparaciones eran sabrosas y auténticas. Solo nos aconsejó cómo mejorar el montaje resaltandolo con ingredientes nuestros como el maqui, los piñones, el changle o los digüeñes, según la estacionalidad. También cuidamos cada detalle: no usamos plásticos, servimos en loza artesanal, jugamos con colores naturales, y todos nuestros productos son de nuestra huerta orgánica. Además, mantenemos siempre el respeto por la naturaleza, agradeciendo a la Ñuke Mapu cada vez que recolectamos hierbas o cocinamos.

Artesanía Mapuche

Esta evolución no es solo visual o técnica, también es espiritual. Recibimos a nuestros visitantes con ceremonias, los invitamos a relajarse, a reconectarse con la tierra y a valorar la sabiduría ancestral. Muchos jóvenes que vienen, especialmente mapuche, se emocionan, se reconectan con sus raíces y aprenden a valorar su cultura desde la alimentación. Al final, más que solo ofrecer comida, lo que hacemos es transformar experiencias, mostrar que se puede innovar sin perder la esencia y demostrar que la cocina mapuche puede estar a la altura de cualquier cocina del mundo.

¿Cómo equilibran la innovación culinaria con el respeto por la tradición y la sabiduría ancestral?

Como pueblo mapuche, siempre mostramos respeto por la naturaleza. Cuando recolectamos plantas medicinales o hierbas como el laurel, el romero o la menta, pedimos permiso y agradecemos a la Ñuke Mapu (madre tierra), porque todo lo que nos da tiene un valor espiritual y medicinal. Al recibir visitantes, comenzamos con una ceremonia de bienvenida (tipo yeyipun), en círculo, con música, mirándonos a los ojos. Luego los llevamos a la ruca y les explicamos quiénes somos, agradeciendo por su presencia y pidiendo que su estadía sea buena, tranquila, que puedan conocernos y compartir.

En mayo recibimos 3 grupos del Duoc de 35 cada grupo y en nuestras actividades se reconectan con la cultura y eso los emociona profundamente, muchos lloran y se sensibilizan; Para nosotros, eso es lo más valioso: cambiar vidas, devolverles esa identidad. Durante su estadía viven a otro ritmo. Les enseñamos a comer sano, a disfrutar el proceso lento de la vida, a descansar, a respirar. Todo eso genera un cambio profundo. Al final, les hacemos una ceremonia de despedida y muchos vuelven después con sus familias. 

turismo rural

Encuentro de las Américas de Turismo Social 2025

Hace poco participaste en el Encuentro de las Américas de Turismo Social en Brasil. ¿Cómo llegaste ahí?

Yo llegué a participar en el encuentro en Brasil gracias a mi trabajo en la cooperativa y a nuestra participación en ACHITUR, la Asociación Chilena de Turismo Rural, donde somos socias hace años. ACHITUR agrupa a personas de todo el país que trabajan en turismo rural, tanto mapuche como no mapuche, y es parte de una red internacional llamada OITS (Organización Internacional de Turismo Social). Fue Don Luis Martínez, director ejecutivo de ACHITUR, quien me propuso representar a la cooperativa y al turismo indígena en una mesa sobre pueblos originarios. Me sentí muy honrada y acepté encantada. Viajé con el apoyo de mi comunidad y mi familia, llevando nuestra vestimenta tradicional y una presentación que resume nuestro trabajo.

Encuentro de las Américas de Turismo Social

¿Qué mensaje buscaste compartir en la mesa redonda donde participaste?

En el encuentro, compartí la historia de nuestra cooperativa y cómo las mujeres hemos sido las principales impulsoras del desarrollo. Hablé de cómo ser económicamente independientes ha mejorado nuestras vidas y las de nuestras familias. También conté que la mujer mapuche de hoy puede ser moderna, usar tecnología, pintarse, pero sigue conectada con su cultura y su espiritualidad.

Mi relato fue muy bien recibido. Varias personas de otros países me dijeron que les gustaría que compartiera nuestra experiencia con otras mujeres indígenas. Me sentí feliz de representar a mi pueblo y de mostrar que el pueblo mapuche sigue vivo, fuerte, y tiene mucho que aportar a la interculturalidad y al futuro de Chile.

¿Cuál crees que fue el mayor aprendizaje que obtuviste en este encuentro, y cómo lo vas a plasmar en Inarrumen?

En Brasil hubo dos cosas que me marcaron profundamente. Primero, entender mejor lo que significa el turismo social. Aprendí que está pensado para personas con pocos recursos: adultos mayores, niños, estudiantes, personas con discapacidad. Me di cuenta de que en Chile todavía nos falta mucho por avanzar en ese enfoque, pero que nosotros, como cooperativa, vamos por buen camino. Lo que hacemos ya se alinea con esa visión, y tenemos que seguir profundizando.

Allá vi cómo trabajan el turismo inclusivo a nivel país. Pensé en todo lo que aún nos falta en infraestructura: baños accesibles, dormitorios adaptados para personas en silla de ruedas. Si decimos que somos interculturales e inclusivos, tenemos que hacerlo realidad. Eso me motivó a proyectar mejoras en nuestro centro para que todos puedan visitarnos dignamente.

Lo segundo que me llamó la atención fue el turismo regenerativo. Participé en un taller sobre eso. Me gustó mucho porque no se trata solo de no dañar, sino de dejar algo bueno. Por ejemplo, si visitas un lugar, deberías plantar un árbol, ayudar a la comunidad, aportar. Me emocionó escuchar que alguien del grupo citó lo que yo había dicho el día anterior como un ejemplo de turismo regenerativo. Y es cierto: lo que hacemos nosotras, cuando recibimos a la gente, no es solo mostrarles cosas, es también dejarles algo y que ellos nos dejen algo a cambio. Es un vínculo.

Todo esto me reafirma que el turismo que hacemos es emocional. Lo más importante para nosotros no es solo lo que la gente viene a ver, sino el cariño que se lleva. Y eso es lo que quiero seguir cultivando y fortaleciendo en mi comunidad.

Y para ir cerrando Juana, si tuvieras que invitar a las personas a ir a su ruta ¿Qué les dirías?

Si quieren conocer la historia de nuestro pueblo contada por mujeres mapuche, los invitamos a visitarnos. Es una oportunidad para conocer de cerca los saberes, las artes y la vida cotidiana de las mujeres y del pueblo mapuche. Podrán compartir una linda conversación junto al fogón, con un mate calentito y una buena sopaipilla. También podrán recorrer sitios de relevancia cultural y reconectarse con la naturaleza. A quienes vengan, les decimos: serán bien recibidos y se sentirán como en casa.


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