Pedalear el territorio: la historia de Pedro Valenzuela Morales y Séptima Ruta Cicloturismo
En esta entrevista conversamos con Pedro Valenzuela Morales, guía de cicloturismo y creador de Séptima Ruta, una propuesta turística nacida en Constitución y profundamente vinculada al territorio del Maule, al ramal; Talca y Constitución. A partir de su experiencia como ciclista, observador de aves y gestor autogestionado, Pedro ha desarrollado recorridos en bicicleta que conectan estaciones, comunidades locales y paisajes poco accesibles, poniendo en el centro la experiencia humana y el turismo comunitario. Su trabajo surge tras la pandemia, cuando comenzó a recorrer el territorio con otros fines investigativos y personales, hasta transformar esas rutas en una oferta formal de cicloturismo. Desde entonces, ha construido una red de colaboración con habitantes del sector, viñateros, apicultores y familias locales, promoviendo un modelo de turismo que busca generar impacto económico local, confianza y vínculos reales con el territorio. A continuación, te invitamos a conocer su trayectoria, el origen de Séptima Ruta y la forma en que entiende el rol del guía como anfitrión, acompañando a las personas en recorridos donde la naturaleza, la comunidad y la experiencia compartida son parte central del viaje.

Pedro Valenzuela Morales
¿Cómo surgió la idea de crear el tour en bicicleta desde Talca hasta Constitución?
La idea surgió cuando logré consolidar la ruta que yo mismo recorría para estudiar aves. Con el tiempo algunos amigos empezaron a sumarse, cuando ya me sentía seguro con el camino y el territorio, que es exigente y con sectores rurales complejos.
Ahí también entendí que el turismo rural y el cicloturismo eran un nicho poco explorado en la región, sobre todo porque son rutas largas y con riesgos, lo que explica que haya pocos guías trabajando en el Ramal. Hace unos años decidí formalizar la experiencia y ofrecer la ruta a turistas, y desde entonces me he mantenido firme, sin accidentes, incidentes ni quejas, lo que me tiene muy contento.

A partir de esa experiencia inicial ¿Cómo fue pasar de una ruta para ver aves a llevar personas en estos tours en bicicleta, considerando lo inaccesible del territorio?
Al principio sí implicaba una responsabilidad grande, por lo mismo somos muy claros con los clientes respecto a los riesgos, las distancias, la altimetría y la exigencia de la ruta. No arrendamos bicicletas, porque buscamos que quien participe sea un ciclista con experiencia, consciente de que puede caerse, subir cerros y enfrentar condiciones exigentes. Eso ha evitado muchos problemas desde el inicio.
Con el tiempo fuimos ajustando la experiencia y hoy tengo claridad total sobre lo que puedo ofrecer. Organizamos todo: pasajes, comidas, experiencias y alojamiento, ya sea en cabañas, posadas, camping o modalidad full day. Además, trabajo con estaciones donde ya existe infraestructura, lo que permite que el turista tenga techo, cama y buenas prestaciones durante la ruta.
Si llega alguien sin la experiencia suficiente, igual se completa el recorrido adaptándolo al ritmo del grupo. Me ha pasado que alguien se agota a mitad de camino, y en esos casos priorizamos la experiencia, avanzamos más lento y, si es necesario, ajusto el itinerario y aplico descuentos, porque también forma parte de mis políticas y del cuidado del grupo.

¿Quiénes son las personas que más se interesan en este tipo de tours?
Principalmente ciclistas de Santiago. Me sorprendió mucho, porque muchos toman el tren hasta Curicó y luego pedalean hasta Talca, donde los recibo en el Parque Río Claro para comenzar la ruta hacia la costa. Yo pensaba que mi público sería el ciclista talquino, pero en la práctica ha sido más el santiaguino y también ciclistas que vienen desde Valparaíso.
Además, la red de cicloviajeros ha sido clave. Hace años recibo en Constitución a cicloviajeros chilenos y extranjeros, ayudándolos con cosas básicas como cargar baterías, lavar ropa o darse una ducha, y ese boca a boca ha hecho que me recomienden desde distintos lugares del país. Hoy existe una red bien activa que también se apoya en un mapa colaborativo de turismo, donde varias personas ofrecen espacios para acampar, cargar agua o descansar, lo que fortalece mucho la experiencia del cicloviajero en la zona.
Considerando que son rutas largas y rurales ¿Cómo evalúas si una persona está preparada para hacer estas rutas en bicicleta y qué requisitos sueles pedir antes del tour?
Lo principal es que la persona tenga, ojalá, al menos un año de experiencia real en bicicleta, no solo uso urbano, sino experiencia en rutas exigentes, con distancias, desniveles o desafíos similares. En la conversación previa voy evaluando eso, viendo si ha hecho rutas largas, competencias o desafíos, y también les envío los mapas con altimetría y tiempos para que entiendan bien la exigencia del recorrido. Ahí mismo se nota quién es ciclista y quién solo quiere conocer el territorio.
Si veo que alguien no tiene el nivel necesario para pedalear toda la ruta, adapto la experiencia y ofrezco alternativas más tranquilas, como recorridos en tren o actividades en el territorio, priorizando que disfrute el viaje. Por eso el contacto es directo y personalizado, sin chatbot, incluso realizo videollamadas, para asegurar que la persona sea apta para la ruta.
En cuanto al kit, yo les entrego todo el equipamiento necesario para el viaje, aunque también pueden usar su propio equipo o bicicleta, lo que incluso tiene descuentos en la tarifa.

Pensando en quienes participan ¿Qué situaciones o reacciones suelen aparecer en los participantes durante el tour y cómo las acompañas desde tú rol de guía?
En general, los ciclistas con experiencia no presentan grandes dificultades físicas durante la ruta. Lo que más suele aparecer son miedos o inseguridades iniciales frente al territorio, a lo desconocido o a experiencias nuevas, como interactuar con el entorno rural o visitar espacios que nunca habían vivido antes. Sin embargo, esos temores suelen ser momentáneos y se disipan rápidamente cuando se genera confianza.
Por eso mi rol como guía se enfoca mucho en el acompañamiento humano: transmitir calma, escuchar y dar seguridad durante todo el recorrido. Muchos viajeros llegan solos, y la experiencia termina siendo tan emocional como física, con momentos de conversación profunda y conexión con las comunidades locales. Más que solo pedalear, busco que vivan el territorio con confianza, sin presiones de tiempo y sintiéndose acompañados en todo momento.
Considerando las características aisladas del recorrido ¿Cómo manejas la incertidumbre de las personas en tramos donde no hay señal, vehículos de apoyo ni servicios turísticos establecidos?
Principalmente desde la seguridad y la calma del guía. Creo que transmitir tranquilidad es clave, porque si el guía se muestra inseguro, eso se traspasa de inmediato al grupo. Por eso, mantengo una actitud firme y contenedora: si hay que caminar, caminamos; si alguien se asusta o se siente mal, se le acompaña y se contiene, pero siempre con el objetivo de avanzar de forma segura.
Además, utilizo herramientas concretas para dar certeza, como el GPS para mostrar dónde estamos y las alternativas de salida. Tengo redes de apoyo en el territorio, casas cercanas donde podemos resguardarnos y comunicación posible vía WhatsApp en algunos puntos. También existe una buena relación con los maquinistas del tren, lo que permite usarlo como vía de apoyo en caso de emergencia o necesidad de acortar la ruta.
En situaciones puntuales, como fallas mecánicas o imprevistos, adapto el itinerario sin problema, podemos tomar el tren, pasar la noche en una estación o retomar el recorrido desde otro punto. Más que forzar el plan original, priorizo la seguridad, la contención emocional y la flexibilidad, lo que da mucho alivio a los participantes y les permite confiar en la experiencia.

Y más a largo plazo ¿Qué planes o sueños tienes a futuro para Séptima Ruta y cómo te gustaría que evolucione la experiencia para quienes la elijan?
A largo plazo, mi principal sueño es romper la estacionalidad del turismo, que no sea algo solo de verano, sino que también se pueda trabajar en invierno y en temporada baja. Me gustaría que Séptima Ruta siga creciendo como una propuesta de cicloturismo comunitario, donde la experiencia no se centre solo en pedalear, sino en el encuentro con las personas y el territorio.
También aspiro a que el turismo en la región del Maule evolucione hacia un modelo más articulado entre operadores, con colaboración real, recomendación mutua y trabajo en red, en lugar de iniciativas aisladas. Creo que la región tiene un potencial enorme, pero necesita más coordinación, apoyo a los proyectos locales y una visión común que fortalezca el destino completo y permita un desarrollo turístico sostenible durante todo el año.
En esa misma línea, quiero avanzar hacia un modelo más articulado con hoteles y alojamientos de la región, integrando las experiencias locales dentro de sus propios procesos de reserva. La idea es que el hotel deje de vender solo camas y pase a ofrecer experiencias completas de destino, donde el huésped pueda reservar alojamiento y actividades en un solo clic. Así se aumenta la permanencia, se generan ingresos adicionales por comisión, se reducen costos operativos al distribuir el tiempo del visitante en actividades externas y, al mismo tiempo, el hotel se posiciona como un hub de experiencias locales. De esta forma, la experiencia de Séptima Ruta se consolida como una propuesta integral que no solo beneficia al proyecto, sino también a las familias de la línea férrea, a los pequeños emprendedores y a las comunidades que forman parte del recorrido, generando un impacto real desde lo local.
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