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de 17. Junio 2025

Luis Martínez Figueroa: 30 años impulsando el turismo rural como motor de desarrollo en Chile


Luis Martínez Figueroa, ingeniero en administración agroindustrial con un MBA en gestión y dirección de empresas de la U. de Chile, cuenta con 30 años de trayectoria en el desarrollo del turismo rural en Chile. Fue el creador y líder del Programa Nacional de Turismo Rural del INDAP desde 1995 hasta el año 2010, iniciativa pionera que buscó diversificar los ingresos de la pequeña agricultura a través de la valorización del patrimonio campesino. En ese contexto, fue uno de los precursores de la Asociación Chilena de Turismo Rural (ACHITUR) en el año 2000. Hoy con 25 años de existencia. Además de su rol como gerente de ACHITUR, Luis se desempeña como consultor internacional y es miembro del directorio de la Organización Internacional de Turismo Social (ISTO América), desde donde continúa promoviendo el turismo rural como herramienta de desarrollo sostenible e inclusión social. A continuación, hablaremos con él para que nos cuente un poco más sobre el turismo rural y el papel que tiene ACHITUR en nuestro país.

Luis Martínez Figueroa

¿Cómo definirías el turismo rural?

Es difícil dar una definición precisa del turismo rural. Personalmente, soy un poco reacio a las definiciones, porque pueden interpretarse de muchas maneras, dependiendo de quién las lea o de cómo estén redactadas. Se trata de un movimiento que nace en Europa, pero que es comprendido de formas distintas: los franceses lo interpretan de una manera, los españoles de otra, y en América Latina también tiene una lectura particular. Para nosotros, el turismo rural tiene una expresión clara en el territorio, lo cual es fundamental. Se desarrolla en un espacio geográfico determinado y está profundamente vinculado con las personas que lo habitan: campesinos, campesinas y jóvenes que han nacido, crecido y construido su vida en esos lugares. Estas personas tienen un arraigo muy fuerte con su entorno, con lo que ocurre allí.

En muchos lugares, encontrarás que el turismo rural se define como emprendimientos o inversiones turísticas en zonas rurales. Pero para nosotros, esa definición es limitada. No consideramos que exista turismo rural solo por instalar un hotel o una infraestructura de alto nivel en un territorio. Si esa inversión no se hace en conjunto con los habitantes locales, si no genera desarrollo para ellos, entonces no hablamos de verdadero turismo rural. Nuestra visión del turismo rural pone en el centro a las personas que viven en el territorio: su cultura, sus saberes, sus riquezas, y la valorización de todo eso. No hablamos de hoteleros profesionales, sino de campesinos, pescadores y otros habitantes rurales que integran el turismo como una actividad complementaria a su forma de vida principal.

Así entendemos el turismo rural: como una forma de vida que permanece auténtica, donde quienes viven allí abren las puertas de su mundo cotidiano para compartirlo con visitantes, con la mayor transparencia y honestidad posible. En este contexto, tuvimos la suerte de estar entre los primeros en América Latina —junto con Argentina— en impulsar el turismo rural de manera estructurada, como parte de un programa reconocido oficialmente por el Estado.

Patagonia

Luis, tú eres reconocido como uno de los pioneros del turismo rural en Chile. ¿Cómo comenzó tu interés por este tipo de turismo y qué te motivó a impulsarlo? ¿Cuáles fueron los primeros pasos que diste para promover el turismo rural en Chile?

Cuando entré a trabajar en el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) venía llegando de Italia, donde había hecho un posgrado y esa experiencia fue una gran motivación, por que pude ver como era el desarrollo rural de allá. Yo en esa época estaba participando en un programa de desarrollo rural y estos temas se veían con fuerza. En ese contexto, existió una visión muy clara por parte del INDAP y del Ministerio de Agricultura, particularmente de un ministro, Emiliano Ortega. Él fue quien trajo el primer apoyo internacional en distintas materias dentro de esas iniciativas, estaba el turismo rural. Fue en 1995 que me llama el ministro y el director de la INDAP para que me haga cargo de la iniciativa y crear el Programa Nacional de Turismo Rural del INDAP, este fue el organismo donde técnicamente nace el turismo rural en Chile. A partir de ese momento, se comenzó a desarrollar esta actividad como una alternativa de negocio para la pequeña agricultura, complementaria a la producción agropecuaria que realizan campesinos y campesinas en los distintos territorios del país.

Ese año fue muy complejo desde el punto de vista económico para los campesinos, por lo que se buscó una alternativa complementaria: el turismo rural y el agroturismo. Una de las cosas importantes que logró esta estrategia fue incorporar a la mujer campesina en la actividad agropecuaria, a través del turismo rural. Tradicionalmente, el campo ha sido administrado por el varón, pero con esta nueva actividad la mujer comenzó a tener un rol más protagónico.

Cuéntanos un poco sobre ACHITUR. ¿Qué es la Asociación Chilena de Turismo Rural y cómo nace esta iniciativa?

ACHITUR nace en el año 2000, como la necesidad de ofrecer una estructura de acompañamiento para todos aquellos pequeños agricultores que, en ese momento, estaban siendo apoyados por INDAP. Pensamos que, eventualmente, muchos de ellos quedarían sin ese respaldo directo y necesitarían una organización que los siguiera apoyando y representando. La diferencia clave entre INDAP y ACHITUR radica en sus funciones. INDAP es una institución de fomento productivo, que cuenta con recursos para invertir directamente en mejoras para los agricultores. En cambio, ACHITUR no maneja fondos de inversión. Nuestro rol es la representación y el acompañamiento. Ayudamos a nuestros socios a postular a proyectos de fomento de entidades como SERCOTEC, INDAP o incluso CORFO, en casos de mayor envergadura.

Además, brindamos asesoría técnica, capacitaciones y apoyo constante, actuando como un puente entre los emprendedores rurales y las oportunidades de desarrollo que existen en el ecosistema público y privado. En un inició nos consolidamos como una corporación, y luego evoluciona hacia lo que es hoy: una asociación gremial. Actualmente, ACHITUR tiene presencia en las 16 regiones de Chile, con mayor fuerza en la zona centro-sur, que es donde se concentra la mayor actividad del turismo rural, y como dato importante la asociación está compuesta mayoritariamente por mujeres, quienes representan entre el 80 y 90% de los integrantes. Actualmente, ACHITUR agrupa a aproximadamente 52 organizaciones territoriales, tanto locales como regionales, que forman parte de su red como socios.

En total, se estima que la cobertura de ACHITUR beneficia directamente a unas 1.100 personas, empresas o usuarios, a través de cooperativas que, a su vez, agrupan a decenas de socios cada una. Esto permite que el impacto de la organización se irradie mucho más allá de su estructura formal, permeando en distintas comunidades rurales. Complementario al trabajo organizativo, ACHITUR cuenta con una aplicación móvil llamada Turismo Rural Chile. A través de esta app, se ha comenzado a agrupar y visibilizar progresivamente la oferta de turismo rural vinculada a la asociación. Además, la aplicación tiene la ventaja de incluir un catastro de todos los atractivos turísticos de Chile, originalmente levantado por el Servicio Nacional de Turismo, lo que enriquece su contenido y utilidad tanto para turistas como para emprendedores rurales.

Asociación Chilena de Turismo Rural

¿Cómo una persona se puede unir a ACHITUR?

Para ingresar a ACHITUR se hace un proceso de postulación, primero, cada persona o emprendimiento debe llenar una ficha con información básica sobre lo que hacen, a qué se dedican, cuánta gente trabaja con ellos, entre otros aspectos. Luego, si es posible, nuestro equipo técnico realiza una visita a terreno para conocer el proyecto en profundidad, esta evaluación busca entender si el postulante comparte los valores de ACHITUR, Finalmente, la información recogida se presenta al directorio de ACHITUR, que es quien toma la decisión final sobre la incorporación del postulante.

Luego se paga una membresía mensual que actualmente es de aproximadamente $1.200 pesos. Con esto tienen acceso gratuito a capacitaciones, algunas presenciales, en las cuales ellos cubren su pasaje, y nosotros financiamos el alojamiento. Además, hacemos un seguimiento personalizado del nivel de desarrollo de cada emprendimiento. Algunos están más avanzados que otros, y en esos casos, después de capacitarse, también pueden convertirse en apoyo a otros emprendedores en sus propios territorios.

¿Qué tipo de apoyo entrega ACHITUR?

Aparte de la representación en ACHITUR realizamos capacitaciones dirigidas a nuestros socios. Por ejemplo, trabajamos en el ámbito de la alfabetización digital, ofreciendo pequeños cursos que permiten a los emprendedores rurales acercarse al uso de tecnologías básicas. También impartimos talleres sobre técnicas de comunicación, con el objetivo de que aprendan a expresarse mejor, a utilizar un lenguaje más claro y a construir sus propios relatos. Hoy en día, muchos organismos de fomento exigen que, al postular a un proyecto, los emprendedores presenten un pitch de dos minutos. Imagínate lo que significa pedirle eso a un campesino o campesina que nunca ha tenido que hablar de esa manera sobre su trabajo. Por eso creemos que estas herramientas son fundamentales para nivelar oportunidades y fortalecer la autogestión en el mundo rural.

Otro ejemplo de las capacitaciones que realizamos fue la última que hicimos sobre tecnologías limpias y sustentabilidad. Organizamos un curso específico donde les enseñamos desde lo más básico: cómo optimizar el uso de los recursos energéticos en sus emprendimientos y, algo tan esencial pero poco común, cómo aprender a leer su cuenta de la luz. Además de las capacitaciones, en ACHITUR ofrecemos otros tipos de apoyo concretos para nuestros socios a través de convenios estratégicos. Por ejemplo, firmamos un acuerdo con una empresa de internet satelital que permite a nuestros socios acceder a este servicio a precios preferenciales. También tenemos convenios para la adquisición de insumos importantes, como ropa de cama y equipamiento, a precios más accesibles.

Sin embargo, aunque estos beneficios materiales son valiosos, tratamos de que el foco principal de ACHITUR no esté puesto solo en eso. Nuestro rol central es la representación, un trabajo más intangible pero fundamental, que consiste en visibilizar y defender los intereses del turismo rural en los espacios donde se toman decisiones clave para su desarrollo. Como por ejemplo proyectos de Leyes que les afecten o cambios normativos.

Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado el turismo rural en Chile en los últimos años? ¿Qué desafíos y oportunidades ves hacia el futuro?

Yo diría que el panorama ha cambiado muchísimo. Hoy en día, cuando se habla de turismo rural, la mayoría de las personas entiende de qué se trata. Pero en los inicios, cuando este enfoque comenzó dentro del Ministerio de Agricultura, nos veían casi como locos. Constantemente teníamos que justificar por qué el Ministerio debía involucrarse en temas de turismo. La explicación era clara para nosotros: estábamos trabajando con pequeños agricultores y promoviendo una actividad que complementa su labor agropecuaria, no que la reemplaza, era una forma de diversificar sus ingresos y fortalecer la vida rural.

Ha habido un cambio importante en el sector del turismo rural. Los empresarios se han ido formando con el tiempo, y además se ha sumado la incorporación de talento joven, como los hijos de quienes iniciaron estos emprendimientos. Este recambio generacional ha marcado una evolución significativa a lo largo de los 25 años de desarrollo de esta actividad. Mirando hacia el futuro, las oportunidades son enormes. Chile tiene dos grandes riquezas: naturaleza y ruralidad. En la medida en que se trabaje de forma equilibrada con el planeta, respetando los ecosistemas y las comunidades locales, el potencial del turismo rural seguirá creciendo y consolidándose como una alternativa sostenible y valiosa para el país.

En el contexto actual de crisis climática, es fundamental considerar el impacto del turismo en los territorios rurales. Uno de los principales desafíos es evitar la saturación de estos espacios. Es clave que la política pública no promueva una llegada masiva e inorgánica de turistas, ya que esto puede dañar tanto el entorno natural como las dinámicas comunitarias. El desarrollo del turismo rural debe ser planificado, respetuoso y equilibrado, priorizando siempre la sostenibilidad ambiental y social.

¿Hay alguna experiencia o historia de alguien asociado de ACHITUR que te haya marcado especialmente?

Diría que son muchos y todos por diversas razones muy valiosos, pero puesto a elegir, elegiría La Granja Educativa lo Vilches, en la Región de Ñuble la que es dirigida hasta el día de hoy por la Señora María Inés Saravia y su familia. A sus 88 años aún sigue al frente de su negocio, acompañada ahora por sus nietos. Dan vida a una granja que busca educar desde el aprender haciendo y desde las bondades del campo. Ella complementa su granja educativa con alojamiento y alimentación para familias principalmente. La señora María Inés gracias a su energía y tenacidad, el año 2024 fue elegida entre las 100 líderes mujeres mayores de 70 años de Chile. Actividad que es organizada por el Mercurio y la U. Adolfo Ibáñez, lo que es todo un orgullo y ejemplo para la Familia ACHITUR.

Finalmente ¿Qué mensaje le darías a los jóvenes o agricultores que están pensando en iniciarse en el turismo rural?

Los jóvenes rurales hoy más que nunca, están llamados a ser protagonistas de una nueva manera de habitar, cuidar y proyectar nuestro país. Al iniciar un emprendimiento de turismo rural, no solo están apostando por una actividad económica: están creando un puente entre el campo y el mundo, entre la tradición y el futuro. Por lo tanto, pensar el territorio con visión emprendedora es mucho más que ofrecer un paisaje bonito o una casa de campo. Es comprender que el territorio es identidad, historia viva, biodiversidad, conocimientos ancestrales y formas únicas de convivir con la naturaleza. Su verdadero valor está en cómo lo contamos, cómo lo conservamos y cómo lo compartimos.

La cultura rural no debe verse como algo que se “muestra” a los turistas, sino como algo que se vive y se respeta. Quien los visite debe irse sabiendo que detrás de cada receta, cada sendero o leyenda hay personas reales, memorias familiares y modos de vida que merecen ser valorados y sostenidos en el tiempo.

En ese contexto el llamado a los jóvenes rurales es a: Construir desde lo propio. Lo auténtico tiene más valor que lo perfecto. Lo que ustedes tienen, su historia, su comunidad y su entorno, es único. Pensar en redes o trabajo asociativo.

El turismo rural no se construye en soledad. Es tarea primordial conectarse con otros emprendedores, productores locales y actores culturales para multiplicar el impacto. Innoven con raíces. Usen tecnología, diseño y creatividad, pero siempre partiendo del respeto por lo local y lo comunitario. Ser guardianes de su territorio. El turismo debe ser sostenible. Si daña el entorno o la cultura, pierde sentido. Si lo protege, se vuelve una herramienta de desarrollo real. Ustedes están sembrando algo muy valioso: una nueva manera de ver el campo como lugar de oportunidades, no de abandono.


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