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de 24. Marzo 2025

El Viaje de Tanya Skinner


En esta entrevista, Tanya Skinner nos comparte su vida personal y sus reflexiones. Nacida en Santiago, fue criada por su madre acompañada de su abuela, ya que su madre trabajaba mucho. Desde pequeña, soñó con ser madre para poder experimentar lo que era una familia con padre e hijos), y aunque se le preguntaba qué quería ser cuando grande, siempre respondía que quería ser mamá. A los 15 años, ya había decretado que sería madre a los 25, y que tendría primero un hijo hombre. Su enfoque de vida siempre estuvo marcado por una gran planificación.

A pesar de su pasión por las artes, estudió ingeniería comercial y luego diseño gráfico, pero ninguno de estos caminos la lleno por completo. Trabajó como azafata por un tiempo, se casó a los 24 años y siguió volando por un año, para finalmente tener a su primer hijo a los 25, tal como había previsto; hoy en día, es madre de cuatro hijos. A pesar de haber vivido desafíos personales, como un divorcio, mantiene una buena relación con su exesposo y valora profundamente la educación y el bienestar familiar.

Tanya Skinner

Sin embargo, uno de los giros más significativos de su vida fue dejar todo atrás en Santiago para mudarse a 30 kilómetros de Linares en la mitad de un bosque nativo y comenzar de cero. Esta decisión marcó un nuevo capítulo en su vida, buscando reinventarse y seguir adelante con sus sueños.

Te invitamos a leer más sobre la vida de Tanya y cómo su historia sigue evolucionando.


¿Por qué decidiste irte de Santiago? 

Yo tenía 31, por ahí, ya me había divorciados y tenía a mis dos hijos. Lucca estaba en un colegio super pituco, el Lincoln, iba en playgroup o prekínder, y a la semana de iniciar las clases me citan para decirme que mi hijo tenía que ser medicado, porque, así como va, no va a aprender nunca y no va a llegar a primero básico, porque tenía hiperactividad, la típica cosa que te dicen; entonces me sugirieron que llevara a mi hijo al médico y yo lo decidí sacarlo de ahí.

Lo cambié al Angloamerican, que es un colegio tipo Montessori, pero no lo es, pero si es más orgánico, siendo igual un colegio súper tradicional y era bilingüe que era lo que me interesaba. Y ahí estuvimos como dos años, hasta que me dio como la onda media hippie chamánica, como le digo yo, y llegué a esta certeza de que yo he visto siempre cosas y siempre he tenido como la sensación de que vengo a presenciar algo especial en el planeta, entonces dije, si algún día pasa algún desastre yo quiero estar en un lugar donde mis hijos puedan tener opciones de vida, o sea, poder estar a resguardo de cualquier problema que ocurra.

el comienzo en la vida nueva

Entonces dije, me tengo que ir a un bosque, yo soy super determinada. Entonces lo pensé, lo imaginé, lo visualicé, entendí más o menos cómo tenía que hacerlo, y justo en ese momento conocí a unas personas que vivían en Olmué, dije, Olmué es bastante cerca de Santiago, así tienen continuidad con su padre, pero yo ya logro salir de la ciudad. El cambio igual fue duro porque mi vida era otra, yo crecí en un ambiente super pituco, con cero problemas económicos y esto era otra vida.

Y me fui a vivir a Olmué, arrendé una casa, y estuve cuatro meses. Mis hijos pasaron de un colegio ultra pituco a la educación pública. Casi me caí sentada cuando los veía que los hacían formarse después de cada clase. Mi hijo me decía, mamá, hablan demasiado, no logro entender nada. Entonces dije, ya, los voy a sacar del sistema escolar y voy a hacer educación en casa. Y me contacté con una señora que como que estaba promoviendo la educación en casa en Olmué, y me hablaba de Rari, que tenía un terreno en Rari, y yo ¿Qué es eso? ¿Dónde está? ¿No cachaba? Y entre medio tomó un curso de bosques comestibles; voy a este taller, lo dictaba un hippie, era un gallo super sabio, se notaba que estaba hablando con conocimiento.

lejos de Santiago…

Él me contaba que era de la séptima región, yo le pregunté si había un terreno más barato allá, porque en Olmué era impagable. Y me decía que sí, era más barato, la señora de la educación en casa también me hablaba de Rari y dije, bueno, no necesito tres señales para entender que me tengo que ir para allá. Y agarré mis cosas y las puse en venta, en un día vendí todo y decía, tengo que ir con un millón de pesos para comprar una hectárea, eso es lo que tenía que costarme la hectárea, ese era mi decreto.

Junté un millón de pesos en una tarde y todo lo que no alcanzaba a vender de la casa lo regalé, agarré mi auto, con mis hijos, un poco de ropa, todos los utensilios de cocina, porque una bruja no viaja jamás sin sus utensilios de cocina. Y me fui para Rari en un Jeep Vitara con todos los sueños, desde Olmué a Rari; así llegué para acá, guiada por la magia, la intuición y la supervivencia.

¿Cómo fue el cambio de vivir en una gran ciudad a vivir donde estás ahora? 

Hay hartos grandes cambios. El primero de todos fue reenamorarme o reencantarme con la comodidad, pero la comodidad bien llevada, el ganársela, como siempre digo yo, es como el slogan de Sprite “haz nada después de hacer todo”. O sea, que lo que sea comodidad, lo que sea lujo, lo que sea bienestar, esté intrínsecamente ligado con el trabajo, con la constancia, la perseverancia y el coraje. haber ganado esos valores, creo que ha sido como lo más fantástico

un comienzo nuevo…

Porque en el fondo uno sale de la comodidad de la ciudad, donde está todo listo, acá uno empieza a tomarle el tiempo a las cosas y el valor a ese tiempo. El tiempo se vuelve el único bien invaluable; el ser dueño de tu vida, no tener un jefe, más que tú mismo.

¿Cuál sientes que tal vez fue lo más que te chocó, o como lo más difícil de irte a vivir allá?

En términos económicos ha sido bastante holgado aprender a vivir con menos, eso ha sido como difícil y a la vez de que fue beneficioso. Porque claro, los primeros meses era como “no llegué al fin del mes” y haciendo como malabares. Y otro ámbito no sé si llamarlo difícil, pero si me llamo la atención es el hermetismo que tiene la gente acá. Como el rechazo que tienen al extranjero, con el que viene de Santiago, me tocaba muchísimo. Que me trataran de usted, que me vieran como patrona de fundo y me hablaban así.

una casa nueva…

Para cambiar esto me metí a la junta de vecinos, para mostrar que en el fondo no porque yo venga de la ciudad, porque vengo a un mundo más pituco, soy mejor persona o más persona; el respeto se gana desde otra perspectiva. Y así comencé a involucrarme con la gente de acá, ahora ya soy querida en el pueblo, pero sí, eso fue chocante.

Me llama la atención esa brecha que se ha generado con el santiaguino, también empecé a meterme en la educación pública, he sido profesora en la escuela de mis hijos, asiendo puros trabajos pequeños, pero formando parte activa; también estoy en la Cámara de Ecoturismo, para levantar un poco todo lo que tiene este lugar para mostrar, finalmente es como ayudar a las personas a que se reencuentren con ellas mismas. A través, de reconocer los valores y ser empática, de poder decir, yo soy igual a ti; pero eso fue súper chocante.

¿Cómo fue el partir de cero en esté nuevo lugar? Y ¿Cómo cambió tu perspectiva sobre el trabajo?

Bueno, partir de cero fue duro. Yo tuve que arrendar como 13 casas, acá los arriendos eran mucho más baratos, pero eran sin contrato y duraban de cuatro a un mes. Hasta que viene la pandemia y yo había iniciado mi emprendimiento, ya llevaba un par de años, ya sabía bastante y en una conversación con una amiga me muestra un libro que era de los dones y los anti-dones, que según el año de tu nacimiento te mostraba tu don y anti-don y que uno en tendencia vivía en su anti-don hasta que lo entendía y entonces cambiaba a su don. Y uno se volvía como un beneficio de la humanidad versus ser un parásito de la humanidad, siendo súper gráfica y el año ochenta, que es mi año, era el de la enseñanza y en ese momento no lo podía creer, por que nunca me consideré buena profesora ni maestra.

mi vida nueva…

En ese momento también me inventé un negocio porque soy amiga de los hijos de los dueños de las termas de Panimavia y yo les propuse que debían tener un amenity kit de su barro, o sea que era un lujo, una potencia turística que no están exportando, desde la perspectiva ecológica, transformar ese barro en un shampoo sólido, que es mi especialización, yo creo cosmética natural. Y de alguna forma les chanté el negocio, pero les encanto y sin darme cuenta tenía que producir por primera vez en todo este tiempo dos mil barras de shampoo y dos mil jabones, y no tenía tiempo; entonces un vecino que, hacia cosmética, me ofrece ayuda, a cambio de que le enseñe. Y en ese momento me di cuenta de que era muy buena profesora, comencé a hacer videos enseñando, me comencé a mostrar en las redes sociales y a grabar cursos para que la gente pueda aprender.

En ese momento comencé a ganar más dinero, me llego el 10 por ciento de los retiros y logré juntar el monto para comenzar a construir en esté terreno, que ya lo había comprado con anterioridad, y ahí comencé y ha sido un proceso de 4 años; todo lo construí con mis manos. tuve en un comienzo que juntar agua porque no había agua, estar días sin luz, cocinando en una estufa, leña. Ha sido años muy duros, muy duros. He aprendido mucho la paciencia, el coraje, la valentía. Y que para lograr las cosas en la vida los milagros se hacen con las manos. O sea, todo toma un tiempo; los milagros existen, pero el tiempo de este planeta hay que mirarlo con abstracción

el taller…

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en hacer ese gran cambio? 

Que lo hagan, yo a todas las personas que tengo la oportunidad de llegar a sus corazones, les digo que salgan, que la vida no está allá, que tenemos que pensar en nuestros hijos, que tenemos que tomar conciencia que la vida está en el hacer. Hay gente que está esperando que sus hijos terminen el colegio, yo les digo que no, que la gente tiene que sacar a sus hijos para hacer un cambio de raíz.


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