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de 22. Octubre 2025

Trekking contra el cáncer


Entrevista con el oncólogo Benja Walbaum sobre los beneficios y riesgos del trekking

Cada vez son más las personas que, tras enfrentar un diagnóstico de cáncer o superar un tratamiento, descubren en las caminatas y el trekking mucho más que una actividad física: una forma de recuperar energía, fortalecer el cuerpo y reconectar con el bienestar emocional. Sin embargo, surge una duda inevitable: ¿Es realmente seguro hacer ejercicio durante o después de un tratamiento oncológico? ¿Qué precauciones se deben tener? Para resolver estas preguntas, conversamos con el Dr. Benjamín Walbaum, médico oncólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, especialista en cáncer de mama e investigador enfocado en mujeres jóvenes que enfrentan esta enfermedad. Su trabajo combina la práctica clínica con la investigación, buscando mejorar la comprensión y el abordaje integral del cáncer de mama en etapas tempranas. En esta entrevista, el Dr. Walbaum nos invita a mirar el movimiento desde una nueva perspectiva: no solo como parte de la recuperación física, sino también como una poderosa herramienta para el bienestar mental y emocional.

Dr. Benjamín Walbaum

Médico oncólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile

¿Es recomendable para las personas con cáncer realizar caminatas y qué condiciones deben cumplirse para que esta actividad sea segura?

Bueno, para las personas con cáncer, la actividad física es muy recomendable, y la caminata suele ser la más frecuente entre nuestros pacientes. En general, existen muy pocas restricciones para realizarla. Yo siempre les recomiendo que, ojalá, al menos cuatro veces a la semana salgan a caminar durante más de 45 minutos, procurando que sea una caminata activa. Las limitaciones suelen ser mínimas y en la mayoría de los casos, solo transitorias, como en los pacientes que se han sometido recientemente a una cirugía. Pero, en general, para la gran mayoría no existe ninguna contraindicación.

¿Dentro del trekking, hay alguna actividad que pueda resultar riesgosa para los pacientes con cáncer?

En general, no. Sin embargo, algunos tratamientos oncológicos pueden provocar que ciertos pacientes se sientan un poco más mareados o menos estables, aunque esto no ocurre siempre. Por eso, lo ideal es elegir rutas que no sean demasiado complejas o con terrenos irregulares, más que nada para evitar caídas o desequilibrios. Fuera de eso, no hay ninguna contraindicación importante. Incluso si los pacientes se cansan durante la actividad, eso no es algo negativo, al contrario, forma parte de la mejoría en su condición física, lo cual es muy beneficioso.

¿De qué manera se evalúa si un paciente oncológico está apto para realizar actividad física, y qué tipo de seguimiento médico se recomienda durante ese proceso?

Normalmente, lo que hacemos es derivar a los pacientes a equipos de rehabilitación, conformados principalmente por kinesiólogos, que los ayudan en la reactivación física. Estos profesionales orientan sobre las pausas de ejercicio, la intensidad adecuada y el tipo de actividad más recomendable según cada caso. De hecho, muchas veces estos programas están incluidos dentro de los tratamientos oncológicos, incorporando pausas de caminata o incluso trekking de baja intensidad como parte del proceso de recuperación. En nuestro caso, por ejemplo, en la Universidad Católica contamos con una unidad de kinesiología muy completa, donde se realiza el acompañamiento integral de los pacientes, abarcando tanto la rehabilitación como el reacondicionamiento físico que recomendamos desde el equipo médico.

Dr. Benjamín Walbaum

“Aunque la actividad física es muy beneficiosa, es natural preguntarse si hay situaciones en las que podría no ser totalmente segura para los pacientes.“

¿Y dentro de esto, cuáles son los principales desafíos o precauciones que se deben considerar en la práctica de ejercicio por parte de personas con cáncer que estén en tratamiento de quimioterapia o radioterapia?

En general, los riesgos son muy pocos. La principal limitante podría darse en pacientes que han sido operados recientemente y que aún están en proceso de recuperación quirúrgica; en esos casos puede existir una indicación temporal de reposo. Sin embargo, hoy en día cada vez recomendamos menos el reposo prolongado. Actualmente, la mayoría de las recuperaciones son activas, porque sabemos que el movimiento favorece la cicatrización, mejora la fuerza y reduce los efectos secundarios del tratamiento. Por eso, son muy pocos los escenarios en los que realmente se aconseja no realizar actividad física.

¿Cuáles sientes que son los beneficios para las personas con cáncer que realizan trekking?

Recientemente se ha publicado un estudio en pacientes con cáncer de colon que muestra que la actividad física, aunque no exclusivamente el trekking, sino principalmente caminatas y ejercicios aeróbicos y de fuerza tiene efectos muy positivos. Los pacientes que se mantienen activos tienden a vivir más y a responder mejor a los tratamientos. Cada vez hay más evidencia de que la actividad física, incluyendo el trekking, no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que también puede aumentar su sobrevida. En mi experiencia, he visto una gran diferencia entre los pacientes que hacen actividad física y los que no. El trekking, en particular, ofrece un doble beneficio: por un lado, la actividad física en sí misma, y por otro, el contacto con la naturaleza. Esto impacta positivamente en la calidad de vida, el estado de ánimo y el bienestar emocional de los pacientes. Por ejemplo, en pacientes con cáncer de mama que son activos, que salen de la casa y caminan al aire libre, se observa que toleran mucho mejor los tratamientos, presentan menos efectos adversos y toxicidades, y llevan el proceso terapéutico de manera mucho más positiva.

Teniendo cuenta esto ¿Tú recomiendas de manera general a tus pacientes hacer deporte?

Sí, definitivamente se lo recomiendo activamente a todas mis pacientes. Incluso ayer mismo derivé a una paciente de 70 años para que comenzara un programa de actividad física, todo bajo indicación médica. He visto casos muy significativos: por ejemplo, una de mis pacientes es triatleta y continúa entrenando mientras recibe su tratamiento. Su tolerancia y recuperación son notoriamente mejores en comparación con otros pacientes que no realizan actividad física. Esto demuestra que existe un espacio muy potente para que la actividad física aporte beneficios reales durante el tratamiento oncológico.

¿Sientes que en Chile y en Latinoamérica se está avanzando en integrar la medicina con la actividad física?

Creo que todavía falta integración. La actividad física aún no se considera de manera rutinaria como parte del tratamiento oncológico. Probablemente, en algunos escenarios más estudiados, como en cáncer de mama, ya hay mucha evidencia de que el ejercicio es muy positivo: ayuda a tolerar mejor los tratamientos y mejora los resultados generales. Sin embargo, tanto en Chile como en Latinoamérica, y en muchas partes del mundo, todavía nos falta dar ese paso para entender la actividad física no solo como parte de la vida cotidiana de los pacientes, sino también como un componente fundamental del tratamiento y de la rehabilitación.

Desde un punto de vista médico ¿Cuál sería la diferencia entre hacer actividad física en un gimnasio y hacerlo al aire libre, y cuál es lo más recomendable?

Yo creo que lo ideal es una combinación de ambas. Siempre recomiendo a los pacientes realizar actividad física aeróbica: salir a caminar, correr o andar en bicicleta, y, si es posible, hacerlo en contacto con la naturaleza, ya que esto también aporta beneficios emocionales y de bienestar. El gimnasio complementa este tipo de actividad, porque permite incorporar trabajo de fuerza con pesas. Sabemos que los ejercicios de fuerza tienen un beneficio marcado en la tolerancia a los tratamientos y en el impacto de la terapia oncológica.

¿Sientes que el entorno natural de las caminatas ayuda en la recuperación emocional y en la reducción del estrés?

Sí, definitivamente. Aunque no haya estudios específicos sobre pacientes con cáncer, es evidente que el contacto con la naturaleza tiene un efecto muy positivo en cualquier persona. Caminar en el bosque o en entornos naturales es muy diferente a hacerlo en la ciudad; ofrece una experiencia más relajante y reparadora. En pacientes con cáncer, este efecto puede ser aún más marcado, ya que muchos atraviesan procesos emocionales complejos, como el duelo o la ansiedad relacionada con la enfermedad. Más allá de la mejora física, el contacto con la naturaleza contribuye significativamente a su bienestar emocional y calidad de vida.

¿Sientes que también hay una mejora en la autoestima y en la motivación de las personas cuando reciben el diagnóstico de cáncer y comienzan a hacer deporte?

Sí, absolutamente. Las pacientes se sienten mucho más empoderadas cuando incorporan la actividad física. Mejora su autoestima, su ánimo y su sensación de control sobre el proceso. Además, hay factores fisiológicos, como la liberación de endorfinas, que también influyen en ese bienestar general. Por eso insistimos tanto en recomendar el ejercicio: no solo por sus beneficios físicos, sino también por el impacto positivo en el estado emocional.

¿Qué recomendación le harías a un paciente oncológico que quiere empezar a hacer caminatas, trekking o algún tipo de ejercicio?

Mi principal recomendación es que siempre lo converse primero con su médico tratante. Lo ideal es evaluar su condición actual y verificar que no existan factores que limiten la práctica, como anemia o alguna recuperación reciente de cirugía. Una vez hecho ese chequeo, puede comenzar de manera progresiva y segura. En general, no es muy diferente a lo que haríamos con una persona mayor o alguien que no ha hecho ejercicio antes y quiere empezar: lo importante es hacerlo con supervisión, escuchar al cuerpo e ir avanzando gradualmente.

Después de tantos años trabajando y acompañando a personas con cáncer, ¿qué te ha enseñado la experiencia sobre la relación entre el movimiento y la salud?

Creo que, más allá del cáncer, está muy claro que los seres humanos estamos hechos para movernos. El movimiento es parte esencial de nuestra naturaleza. Caminar, realizar actividad física o practicar trekking tiene un impacto profundo en todos los aspectos de la salud. Yo personalmente soy muy fanático del trekking, y cada vez que hago actividad física o salgo a caminar, me siento mucho mejor. Eso mismo ocurre con los pacientes con cáncer: el movimiento mejora su bienestar físico y emocional. Es algo muy evidente; basta con experimentarlo para notarlo.

Y para cerrar, si pudieras dejar un mensaje a quienes están atravesando un proceso oncológico y dudan en animarse a hacer su primer trekking o actividad física ¿Cuál sería?

Mi mensaje sería que el cáncer no debe definirnos por completo. Es importante mantenernos activos, por muchas razones. Primero, porque el movimiento nos hace bien como personas, independientemente de que tengamos o no cáncer. Segundo, porque está muy demostrado que la actividad física tiene un impacto positivo incluso durante los tratamientos oncológicos: mejora la tolerancia a la quimioterapia, reduce la toxicidad y, según la evidencia más reciente, puede incluso aumentar la sobrevida de los pacientes. Y, por último, porque la actividad física también tiene un valor social y humano. No solo ayuda al paciente, sino también a su entorno. Actividades como caminar o hacer trekking son espacios que nos permiten reunirnos, conectar con otros y compartir, algo que muchas veces se pierde durante el proceso de la enfermedad. Salir, moverse y atreverse a hacer ejercicio no solo mejora el cuerpo: también abre la posibilidad de volver a vincularse con los demás y con uno mismo. Y ese, creo yo, es uno de los impactos más poderosos que puede tener la actividad física.

Conclusión Caminar puede convertirse en una herramienta poderosa y sanadora para las personas con cáncer, siempre que se realice con seguridad y supervisión médica.
Como señala el Dr.Benjamín Walbaum, lo más importante es adaptar la actividad a las condiciones individuales, de modo que cada paso represente no solo movimiento, sino también un camino hacia la recuperación y el bienestar.


1 comentario

  • Septiembre 2, 2026 – Nilda Margarita Vicente dice:

    Excelente

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