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de 13. Marzo 2018

Chiloé en bicicleta – Tierra de Brujos


Chiloé en bicicleta por la Ruta de las Iglesias

(texto y fotografia de Maria Fernanda Moletto: mfmoletto@gmail.com )

Día 1: Puerto Varas-Pargua-Chacao-Manao-Quemchi

Cuando los planetas se alinean y la vida te ofrece la oportunidad de organizar un viaje en menos de lo que canta un gallo hay que hacerlo. Sin mucha planificación ni tanto entrenamiento organizamos un viaje a Chiloé en bicicleta, la ruta era atractiva y el tiempo alcanzó para armar la logística y  el equipo en tiempo record. Con mucha emoción había que madrugar para buscar en el terminal de buses de  Puerto Varas a Walter, mi compañero de ruta. Después de un buen café, armar su bicicleta  y poner a tono algunos desbarajustes (Puerto Varas Taller Blackline Bicicletas, Calle  San Francisco pasado el Gimnasio Abierto Lu a Sab 10:00 -19.00) salimos a Pargua en camioneta bastante más tarde de lo planificado. Sergio (9 96690710),   nuestro conductor de muy buena voluntad y paciencia infinita nos dejó en el muelle  para tomar el transbordador a nuestro destino: Chiloé, la Tierra de los Brujos. Emocionados bajamos las bicicletas y quisimos abordar, pero ya era demasiado tarde. Estaba zarpando…Dicen en el sur que quien se apura pierde su tiempo y los transbordadores no se demoran ni 30 min en volver a salir. Paciencia, al menos ya estábamos allí.

Una vez del otro lado en Chacao,  tomamos inmediatamente el camino costero en dirección a Manao,  nuestro objetivo del día: Quemchi. La ruta al principio estaba en plena obra de pavimentación por lo que los primeros kilómetros  fueron sobre camino casi liso, muy cerca del mar.  Luego se    torna cada vez más duro, mucho ripio suelto con cuestas infinitas, difíciles de pedalear  y una vista maravillosa. Quizás somos los últimos en realizar turismo aventura en esta zona. Pronto estará entero asfaltado.   Por  fiarnos de la tecnología,  nos quedamos sin mapa a falta de señal, mientras que tanto arreglo en el camino nos confundió y pedaleamos varios Km demás con 26°C y un sol apabullante. Moral en alto al fin dimos con la ruta correcta al encontrar el supermercado Leonardo de Manao  ( Ruta 135 hacia Linao). No quedaba mucho tiempo para descansar, ya que a fines de febrero y comienzos de marzo si bien el tiempo es bueno, las horas de luz comienzan a escasear notablemente. Agotados y empujando la bicicleta subimos  la cuesta de final  de Quemchi,  tierra y piedra suelta, la cual por suerte se encontraba iluminada y sin tanto tráfico. Nuestra meta  la Pizzería Concha de sus Mares por menos de media hora nos cerró la puerta en las narices a pesar de considerarse “Bike Friendly”. Resignados fuimos  a comprar a un Mini Market tallarines, mantequilla,  queso rallado  y un vino para cocinar en la cabaña. (Cabañas Newén, linda vista e impecables, el desayuno hay que negociarlo 9 74949000. Se ubican a un 1,5 Km a la salida de Quemchi ).  Ducha caliente y a dormir, felices de sortear todos los obstáculos.

Día 2:  Quemchi – San Antonio de Colo – Quicaví – Tocoihue – Dalcahue

El viaje por sí solo tomó su propio ritmo y tras un desayuno reponedor fuimos en bicicleta a recorrer Quemchi, eso sí a costa de retroceder dos kilómetros y una subida agotadora. Las capillas y las iglesias de Chiloé son famosas. Se construyeron en su mayoría por la influencia religiosa de los siglos XVIII y XIX y son reconocidas como patrimonio de la humanidad  por la UNESCO. Foto obligada en la costanera, la plaza y en la iglesia y a continuar pedaleando. Nuestra meta del día Dalcahue, que aunque está a sólo 48 Km por asfalto nosotros teníamos en mente una aventura muy diferente. Así nos desviamos a conocer algunas de las joyas del viaje, ya que hasta ahora las iglesias y la arquitectura en general nos habían causado cierta desilusión, pues la mayoría de las restauraciones han sido realizadas en base a techos de zinc y pintura de colores demasiado llamativos. Son pocas las construcciones que conservan la tejuela original.  Primer desvío,  Colo. Una bajada increíble de 2 Km, pampas y bosque nativo cerca del camino. Los Ulmos en flor nos sorprenden una y otra vez. La localidad de Colo es pequeñita y al frente de la iglesia vive la señora que tiene las llaves para que los que quieran visitar la iglesia puedan entrar.  Su santo principal es San Antonio de Colo, sacerdote franciscano amigo de San Francisco de Asís. Conversando nos enteramos que no era necesario volver al camino principal para desviarnos hacia Quicaví. Al regresar bastaba con desviarse a un 1 Km hacia la izquierda por un camino de ripio en buen estado, plano,  lleno de abundante vegetación que conecta con el camino a  Quicaví. Un paraíso; se escuchaba el canto del fío-fió, los tiuques y el chucao que nos anunciaba buen augurio, porque  durante todo el viaje siempre cantó por la derecha. En el pueblo de Quicaví nos dimos cuenta que las cuevas de los brujos quedaban bastante más a trasmano  y por tiempo preferimos seguir de largo. Nos consolamos diciendo que seguramente como todos los miradores que encontramos en la ruta tenían que estar hediondas,  llenas de basura y latas de cerveza. La iglesia como en Colo es una de las pocas que conserva la tejuela original. Aquí no encontramos a San Pedro y sólo la pudimos apreciar por fuera. Tras un descanso al sol y averiguar por dónde continuaba el camino a seguir pedaleando. Poco duró mantenerse arriba de la bicicleta. Para tomar el camino a Dalcahue se continúa derecho sin retroceder por la playa y a pocos metros hay una subida de tierra y piedras sueltas muy empinada.  Las camionetas ronceando nos dejaron tapados de polvo. Más arriba, ya es agradable para pedalear, poco tráfico y la gente  siempre dispuesta a rellenar la botella de agua. Al llegar al pavimento doblamos a la derecha y a seguir pedaleando. Ningún letrero nos indicaba la cantidad de Km exactos para llegar a Dalcahue. Sin señal, mapa ni GPS imposible saber. Al llegar al cruce de las cascadas de Tocoihue decidimos entrar, claro que no sin pensar antes en la subida que nos esperaba para retomar. Pedalear, como cuenta la leyenda, sobre   el lomo de Tren Tren Vilú,  la serpiente que da forma al archipiélago,  no es fácil, porque todos los poblados se encuentran a nivel del mar. A estas alturas la primavera  más lluviosa en los últimos 10 años y de poca bicicleta se empezaba a notar. El cambio climático y la falta de criterio al permitir  plantaciones de eucaliptus y la edificación sin control están provocando sequía en la isla, pues el pompón encargado de absorber las aguas lluvia se encuentra muy disminuido. Lo vimos en los humedales secos y en  las cascadas, pues ya no se puede hablar de ellas  en plural. Mientras subíamos para continuar una familia en camioneta se ofreció a llevarnos hasta Dalcahue. ¡Aceptamos felices! Cena salmón a la plancha con ensaladas, pisco sour en los Navegantes (Restorán & Hotel Boutique). Muy buen servicio, se ubica en la plaza frente a la iglesia. Alojamos en el Hostal Costanera una casa antigua muy acogedora de arquitectura clásica y 150 años de edad. ¡El desayuno es espectacular!

Día 3: Dalcahue – Curaco de Vélez – Chullec – Achao – Curaco de Vélez

Hoy cruzaríamos a la Isla de Quinchao, la cual en el mapa se puede ver bastante más pequeña que la isla grande, pero no se dejen engañar, ya que en ella hay muchos puntos de interés que visitar. Las barcazas que cruzan a Quinchao salen desde el muelle de Dalcahue cada 20 min aprox. En esta ocasión por ir en bicicleta no nos cobraron, al contrario del cruce de Chacao que cada bicicleta tenía un costo de 2.500 pesos chilenos. Una vez al otro lado son 9 Km en pavimento hasta Curaco de Vélez lugar que es famoso por el Festival de Aves Migratorias. En sus costas se pueden observar Zarapitos de ambas clases, pico recto y pico curvo, aunque es mucho más común las segunda. Nuestra cabaña estaba ubicada a 1,5 Km de Curaco de Vélez por la Costa. Un sitio maravilloso, con linda vista y mucha paz. (Cabañas Contacto Natural: 94981000) Roxana nuestra anfitriona salió a nuestro encuentro para indicarnos el camino.  Descansamos un poco, dejamos el peso y nos alistamos para pedalear hacia Achao no sin dejar de visitar la plaza y la iglesia de Curaco de Vélez, porque al regreso probablemente estaría cerrada. El camino hacia Achao es siempre por pavimento, la berma bastante amplia y sube y baja todo el tiempo. Son 14 Km. hasta el cruce de Chullec, allí desde el Mirador se observa la bahía y la iglesia. Son 2 Km de bajada que luego obviamente hay que volver a subir. El esfuerzo lo vale, la construcción se mantiene bien preservada en tejuela natural. Lástima que estuviera cerrada. Los cisnes de cuello negro se lucían con sus crías juveniles. Los zarapitos de a poco empezaban a prepararse para emprender un largo viaje. Mitad a pie, mitad pedaleando volvimos a montarnos en el camino principal. Achao es un clásico en el mapa y también conocido por figurar  en la ruta de la Regata de Chiloé. Su iglesia también se mantiene con su tejuela original.  El único restorán  que nos recibió con nuestras bicicletas fue la Nave: Un almuerzo contundente invitada a dormir la siesta. El lugar también es hospedaje y tiene buenas recomendaciones. La carta es variada y fresca.  Al estar al lado del muelle también tiene linda vista. Para volver no queda más remedio que tomar el mismo camino, lo que sinceramente no nos entusiasmaba demasiado. La tentación fue mayor, una camioneta con el letrero fletes se estacionó frente a nuestras narices y lo contratamos por 10.000 pesos. En Curaco de Vélez pasamos al supermercado Matías y nos preparamos para disfrutar de  la puesta de sol y la salida de la luna llena.

Día 4:  Curaco de Vélez – Rilán – Quento – Castro

El día de hoy era una aventura, ya que ninguno de los dos conocía bien la ruta. Sólo por referencia y el entusiasmo de pedalear. Castro era nuestra meta final, pero no es recomendable por la carretera. La Ruta 5 en Chiloé aún no tiene doble vía, es angosta, demasiados camiones y además ningún atractivo. Tomamos el cruce hacia Rilán con el fin de conocer la puntilla. Un camino pavimentado, paisaje campestre, sin berma y muy ondulado. Las cuestas son eternas y un momento decidimos que la próxima cuesta que tenía un poco más de 4 Km. que nos dieran un aventón. ¿Cuánto tiempo esperar? Unas 4 o 5 camionetas. ¡Vehículos no calificados no suman! La briza era fresca, pero en cualquier viento en contra era un aliado del cansancio acumulado. Terminamos los cleteros y las bicis atrás. Al llegar arriba nos deben haber encontrado un par de locos. Lo cierto es que en total durante el viaje vimos tan sólo 4 personas viajando en bicicleta y la puntilla de Rilán en general no es una ruta muy visitada. Llegar da gusto, pero el pueblo es muy pequeño y no se encuentra a la orilla del mar. La Iglesia de Santa María de Rilán luce majestuosa y nos da la bienvenida. Su  color blanco y celeste  contrasta en perfecta armonía con el cielo y es una de las 16 iglesias Patrimonio de la Humanidad. La península se caracteriza por mantener el rescate de los oficios patrimoniales chilotes como la cestería, tallado en madera, acordeón como una forma de mantener viva las tradiciones. Entre diciembre y enero se realizan las fiestas costumbristas en Quento, Yutui y alrededores.

En Rilán los quioscos no venden pan, aquí cada quién amasa el propio en casa. Preguntando nos contaron que sí, que tanto en Yutui  y en Playa  Quento hay lanchas que cruzan a Castro. De que existen,  existen.  ¿Pero estarían allí una vez al llegar? Algunos pesimistas nos recomendaron tomar el mini bus a Castro o pedalear de regreso para ir por la carretera. Entre el hambre,  bromas, conversación y admirar la iglesia finalmente dimos con unos pescadores que repartían sus productos. Se dirigían a Dalcahue y según ellos era más probable encontrar lancha en Playa Quento y podían dejarnos en el cruce. ¡Apostamos por la lancha! La luz hasta Castro de todos modos no nos iba alcanzar y pedalear las cuestas hasta Quento por nuestra cuenta arriesgaba la posibilidad de encontrar embarcación. Honestamente jamás pensamos que esta ruta tomaría tanto tiempo. Por cualquier cosa contábamos con un día de gracia y la idea era no tener que utilizarlo. Pedaleamos con mezcla  incertidumbre y optimismo los 2 Km de tierra cuesta abajo. Botes habían. Ahora se trataba de encontrar al dueño. ¡El hombre venía de regreso de una excursión de varios días! ¡La fuerza está con nosotros! Tras recorrer y preguntar dimos con Raúl Garay de Turismo Rural y nos dijo que lo esperáramos. 2 largas horas sin tener donde comer, porque su señora, quien atiende el hostal andaba en Puerto Montt. Por ahí una vecina quien en principio nos negó toda información, cambió de actitud y nos regaló un pan con queso. Algo de entretención nos brindaron dos lechones perdidos y participamos de la alegría de encontrarlos.  Por tiempo y mejor planificación de la ruta se puede alojar en Playa Quento y recorrer la península con más calma. Raúl ofrece hospedaje y diferentes servicios y en forma seria. (Turismo Rural Playa Quento 94400015) ¡Llegar con las bicicletas navegando a Castro fue toda una odisea, pero sin duda se trató de una entrada triunfal al estilo pirata! Últimos metros de pedaleo en Castro desde el muelle hasta el Hostal cerca de la plaza: Bike friendly, atendido por sus propios dueños, de larga trayectoria, cómodo, limpio, desayuno incluido  y con vista a los palafitos. (Casa Chilgue 978016481) Para mí como en casa, cuando voy  por trabajo  a Castro también alojo aquí. Ducha caliente y cena obligada en uno de los locales favoritos La  Descarriada, ubicado en una de las esquinas de la plaza. Linda ambientación.  Los platos son abundantes y alcanzan perfectamente para dos personas.

Día 5: Castro y fin del Viaje

Después de recorrer algunas de las iglesias más emblemáticas de Chiloé no podíamos dejar de lado “la Catedral” de Castro, la Iglesia de San Francisco, construida en el mismo lugar que  sus antecesoras. Se terminó de construir en el año 1912. A pesar de encontrarse en restauración no deja de impresionar con sus dos torres de 42 m. de altura cada una. En el interior la figura que nos llama la atención es la del Arcángel San Miguel venciendo a Lucifer. El Archipiélago  lucha por sobrevivir y mantener su cultura y la magia que le son  tan propias. Ojalá los poderes fácticos no terminen acabando con él. La línea de equilibrio que aún mantiene su ecosistema es cada vez más delgada. La eterna pugna de la naturaleza humana. De los palafitos no queda mucho, pero da gusto ver cómo los han restaurado y transformado en hostales, cafecitos y tiendas. Sin darnos cuenta el tiempo pasó volando. Un sándwich rápido en la Brújula (esquina de la plaza) y correr al bus. De ida los buses en su mayoría no aceptan bicicletas y de regreso,  bien desarmadas,  no cuesta tanto convencer a los auxiliares. De todos modos se recomienda averiguar por el traslado, dependiendo de la línea de bus en que se viaje. Al igual que los zarapitos, llegó el momento de emprender el viaje. ¡Hasta la próxima Chiloé! ¡Aún queda mucho por recorrer!