Ansilta
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de 19. Febrero 2018

Montañismo en Argentina – Sierra Ansilta


Preparativos y cómo llegar

Una vez más como en años anteriores,  esperaba a Daniel en el aeropuerto de Santiago de Chile. Por lo menos una vez al año nos encontramos aquí en Sudamérica para ir en búsqueda de nuevos puntos blancos en el mapa con el fin de rellenarlos con  colores propios. En esta ocasión se trata de hacer montañismo en Argentina. Ya es la hora y el KL 701 aterriza puntualmente a las 11:05 proveniente de Ámsterdam. Poco tiempo después aterrizó  el Papa. Cruzamos hacia Argentina por el Paso de Libertadores y en sólo 5 horas, de las cuales 2 h pasamos esperando en la aduana que se encontraba colapsada,  alcanzamos el Centro de Esquí Los Penitentes. Se puede tener una vista general del lugar utilizando el mapa Adventure Map Chile Central y Argentina y como navegador en el auto resulta bien con MapsMe. Miles de creyentes argentinos cruzan la frontera para acatar  al Papa durante su visita a Santiago de Chile. Después de todo se trata de su Papa.

El mismo día hace 8 años nos chequeamos en el mismo hotel: el Hotel Ayelen. En ese entonces veníamos del Cordón del Plata y continuamos hacia el Aconcagua. Las habitaciones permanecen exactamente igual y la comida ha mejorado bastante por estos lados si se tiene en cuenta en qué rincón del planeta nos encontramos. Hoy mismo nos reunimos con los Gauchos trasladarán nuestras mochilas al campamento ubicado a 3200 m. La velada transcurre muy al estilo argentino, aunque sin tango, pero sí con un jugoso Bife Chorizo y obligatoriamente acompañado de una botella de Malbec. ¿O fueron dos?

Aclimatación con Trekking al  Cerro Penitentes, 4350 m.

A sólo un par de kilómetros de distancia del Hotel se abre hacia el sur el camino con vista hacia el Valle Vargas. Es la vista hacia nuestra meta, la corpulenta cadena montañosa persuade a través de un grandioso paisaje. Al pie de los 4000les se alinean rocas erosionadas una al lado de la otra como si fuera un bosque de abetos en los bosques alpinos. Nuestras mochilas desaparecen de nuestra vista a causa del polvo que levantan las mulas en el camino hacia el campamento. Es nuestro segundo día de llegar a Sudamérica y ya nos encontramos caminando al encuentro del  silencio. No hay tráfico ni ningún ser humano. Se escucha el zumbido mental y la fuerte respiración que nos dice que al fin nos encontramos en camino. El valle se enangosta y un águila negro con blanco ha elegido la misma ruta que nosotros y nos acompaña valle arriba. Son sólo 3 h hasta el refugio Grajales. El efecto óptico no brinda placer, pero  con mal tiempo uno se puede imaginar perfectamente   feliz de encontrarse entre paredes amuralladas y bajo techo durante una tormenta. Nosotros en cambio nos alegramos de poder bajar nuevamente para armar nuestra carpa, desenrollar las colchonetas y estirar los sacos de dormir. La carpa tiene un olor muy particular e inconfundible igual que en una casa.

 El Cerro Penitentes, el mirador de la montaña

La ruta técnica, pero no problemática hacia el Cerro Penitentes sube serpenteando la empinada ladera. Recién después de una hora de caminata se puede apreciar el cerro más alto de Sudamérica, el Aconcagua. Paso a paso crece su cabeza por sobre el nivel del mar, honrando dignamente su altura de 6962 m. En la cumbre flamea patrióticamente una bandera argentina. A nuestros pies el Valle de Mendoza, mientras que a nosotros nos inunda el sentimiento de adentrarnos en la naturaleza. No hay vista más linda del Aconcagua. La magnífica pared sur con su flanco blindado de hielo impresiona más desde aquí que desde el campamento  Plaza Francia, con lo cual nos ahorramos una buena cantidad de dinero por el permiso de trekking y caminamos prácticamente solos.

Hacia  Barreal

Hace un par de año “descubrimos” el Barreal, un  pequeño lugar. El sitio se ubica  entre las montañas erosionadas y coloridas hacia el oeste y las cumbres de los cinco y  los seis miles que ofrecen excursiones por varias semanas: viñedos, observatorios y excelentes alojamientos completan el cuadro. Por primera vez severas tormentas nos condenan a suspirar y contentarnos con vino y bistec. Las pausas de sol se rellenan con caminatas por el parque nacional, hicimos el Leoncito y una excursión en Windcar. Un Windcar se maneja como si fuera un auto, pero se impulsa a vela. Los mejores vientos llegan recién a primera hora del atardecer. Pasamos zumbando a unos buenos 50 km / h sobre la superficie de arcilla, mientras que  alrededor las nubes oscuras de tormenta y el rugir de la ventisca en las montañas  creaban  una imagen para los dioses. Si un día visitan el Barreal por favor no olviden estas líneas y háganlo. No pasen de largo.

Ansilta 4

Vivo desde 1993 en Chile y de profesión soy excursionista. Mi tiempo libre lo paso igualmente realizando tours, la mayoría en Sudamérica. Cuando vi por primera vez durante un otoño hace varios años el Cordón de Ansilta, le envié una foto a mi amigo Daniel junto a las palabras: Tenemos que ir.  

Ahora estamos aquí, bien aclimatados y por fin va a suceder:   vamos a subir el Ansilta 4.

Hace meses que comenzaron los preparativos y las primeras desilusiones. La desventaja de subir  cerros poco conocidos consiste en la falta de información sobre la ruta hacia el Ansilta 4. Ni siquiera encontramos una descripción de cómo acercarnos y sólo teníamos información que existen varios senderos hacia las 7 diferentes cumbres de la Sierra Ansilta. Los cerros ni siquiera tienen nombre, tan solo se encuentran enumerados. Al ser nuestra primera vez nos decidimos por una meta más fácil: la cumbre número cuatro. Cómo diablos llegamos allí. En la primera parte nos anexamos a un grupo de argentinos que tenían la misma meta que nosotros. Con un todo terreno no tuvimos ningún problema en los caminos  malos y en 3 horas alcanzamos Morillos, donde sobresalen dos rocas a 2850 m y lo demás es bastante plano. Las huellas suben en dirección al sur, Morro Chato. Aquí se encuentran cuevas con petroglifos que hicieron hace 6000 años los indígenas del mismo nombre: el pueblo Ansilta. En las canteras frente a las cuevas se encuentran puntas de flecha y herramientas  de piedra que se utilizaron para dibujarlos. Aquí tranquilamente podemos notar que a los argentinos no les causa ninguna gracia ser descubiertos, una multa en dinero sería el mal menor. Sólo dejen eso en el suelo. Además estamos aquí para dedicarnos a los cerros, por lo tanto continuamos subiendo hacia el campamento 1. La mochila está pensada para 7 días, pero pesa menos de lo temido, lo cual se debe a que principalmente llevamos alimentos deshidratados y lo demás y la carpa lo acarrea un Gaucho hasta el campamento 2. Son 3,5 kg menos para la carpa VE25 de la empresa Northface.

Desde el campamento tenemos una vista directa hacia el Ansilta 3, cuya ladera sur está nevada. Nuestra meta asoma su pequeña cabecita. Sin datos de GPS o indicaciones de los lugareños es casi imposible encontrar el lugar. A penas existen caminos y la mayoría terminan en el clásico paisaje de la puna con arbustos leñosos y pastos espinudos. Los Guanacos pastan y a los lejos los primeros cóndores vuelan en círculos sobre nuestras cabezas.

Cumbre Ansilta 4

Nuestros amigos argentinos no se tomaron el tiempo de aclimatarse en el terreno previo a las montañas y eso se comenzó a notar a cada minuto. A este ritmo Daniel perdería su vuelo de regreso, de modo que nuestros caminos se separaron. Dejamos  el campamento 2 a la derecha y continuamos inmediatamente subiendo hacia el campamento 3 ubicado a los 4000 m. Durante la tarde encontramos agua que brotaba como arroyuelos de los penitentes. Realmente un campamento de lujo. Al día siguiente la excursión hacia la cumbre, por encontrarnos en pleno verano se haya libre de nieve, por lo que comenzamos a caminar recién a las 05:30 AM. Recién una hora más tarde se asoman los primeros rayos del sol y le doy rienda suelta a mi Canon 760 D. A los 48000 m se unen los lomos de los Ansilta 3 y 4. Las cumbres están unidas por la arista norte de acarreo y rocas que nos hacen sudar. La vista desde la cumbre ubicada a 5130 m es sencillamente para quitar el sueño y mucho más. Cumbres hay en este lugar como arena en la playa, pero por ahora vamos a regresar en un día de 12 horas al campamento 1. En Barreal nos espera el hotel y buena comida. Cuando el burro huele el establo, ya no se detiene.