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de 28. Noviembre 2025

Aires Sanadores: naturaleza y movimiento para el paciente con Cáncer


El diagnóstico de cáncer lo cambia todo: la mente y el cuerpo pierden su equilibrio y la incertidumbre se vuelve rutina. En medio de este proceso desafiante, muchas personas redescubren la naturaleza como un refugio que entrega calma, energía y esperanza. La evidencia muestra que caminar por bosques, montañas o espacios verdes puede fortalecer el sistema inmune, reducir la fatiga y mejorar el sueño, ayudando a recuperar un ritmo más humano y conectarnos con lo esencial. Para profundizar en esta integración entre salud, naturaleza y movimiento, conversamos con Claudio Rojas, médico internista del Hospital de Talca, formado además en medicina biorreguladora, terapia neural y ozonoterapia. Desde su rol en Cuidados Paliativos ha impulsado la incorporación de medicinas complementarias, buscando unir lo convencional con aquello que también ocurre dentro de cada paciente: su capacidad de regularse, reencontrarse y sanar de manera integral.

Claudio Rojas

Médico internista del Hospital de Talca

¿Qué tipo de transformación fisiológica observa el cuerpo de un paciente oncológico cuando pasa tiempo en la naturaleza? Y ¿Cómo puede esto complementarse con otros medicamentos o tratamientos?

La terapéutica médica oficial es la que está escrita y aceptada, y esa es la base de cualquier tratamiento. Ahora ¿Cómo se complementa con el contacto con la naturaleza? Es complejo de responder porque depende muchísimo de cada paciente. Lo que he visto en mi experiencia es que, el contacto con la naturaleza ayuda a reducir el estrés fisiológico. Las personas, y especialmente quienes están cursando una enfermedad, suelen estar estresadas. No hablo solo del estrés típico del trabajo o las responsabilidades, sino del estrés fisiológico: ese estado en que el organismo está presionado por una infección, una enfermedad tumoral, una diabetes o cualquier diagnóstico: todo eso genera estrés. El tiempo en la naturaleza ayuda a disminuir ese estrés, bajan los niveles de cortisol, puede disminuir la presión arterial, reducirse la frecuencia cardíaca y mejorar la salud mental. La persona se despeja, se regula, y eso también impacta en la manera en que el cuerpo enfrenta la enfermedad. Esto podría incluso mejorar un poco la función inmunológica y ayudar a regular el sistema nervioso autónomo. Porque cuando el organismo está estresado, se activan constantemente las señales de alarma; Si este estado permanece crónicamente, la afectación de la salud puede ser incluso mayor que la producida por la propia enfermedad. Por eso, el contacto con la naturaleza funciona como una vía para reducir esa activación constante y darle al organismo un respiro.

Y en esa misma línea ¿Cómo influye la actividad física al aire libre en la energía y en la tolerancia a los tratamientos en pacientes con cáncer?

En general, el ejercicio siempre es beneficioso. Ahora, la actividad al aire libre puede significar desde una caminata tranquila hasta correr una maratón, así que depende de cada caso. Pero, en términos generales, el movimiento ayuda a bajar el estrés, la inflamación y los niveles de cortisol, lo que se traduce en menos fatiga y más energía. Esto también mejora la tolerancia a los tratamientos, la movilidad, el equilibrio y la fuerza, haciendo que el paciente esté mejor preparado para enfrentar la terapia.

Ejercicio para pacientes con cáncer

¿Se recomienda que las personas con cáncer hagan actividades como trekking? ¿O depende del tipo de cáncer?

El cáncer es un universo muy amplio. Hay personas con un cáncer localizado que llevan una vida casi normal, y otras que están postradas. Por eso, todo depende del estado funcional del paciente. Lo que sí tengo claro, por lo que he estudiado y visto, es que los pacientes deberían tener un programa de ejercicio, al aire libre o en un gimnasio, porque los beneficios son enormes y muchas veces se subestiman. Un plan adecuado puede hacer que se sientan mejor, que toleren mejor los tratamientos e incluso que necesiten menos intervenciones o medicamentos. Claro, hay momentos en los que no corresponde: por ejemplo, en pleno ciclo de quimioterapia, cuando la persona está inmunodeprimida, yo no la expondría a riesgos como heridas o caminatas exigentes. Pero una vez que recupera defensas y tiene algo de capacidad física, el ejercicio es muy recomendable. Siempre ajustado a sus condiciones, porque hay pacientes totalmente funcionales y otros que no pueden levantarse de la cama. Dentro de ese rango amplio, todo lo que puedan hacer, suma.

Trekking con cáncer

Y considerando todo lo que mencionabas sobre el impacto físico y emocional del entorno natural ¿Qué mecanismos psicológicos y emocionales se activan al estar en contacto con la naturaleza, más allá de bajar el estrés?

Primero, el cuerpo y la mente están muy conectados; cuando mejoran los síntomas físicos, también mejora la experiencia emocional. Al reducir el estrés, la inflamación y el malestar, la persona siente un alivio que le permite dejar de pensar todo el día en la enfermedad y de rumiar ideas negativas que suelen generar angustia o depresión. Muchos pacientes expresan que lo más difícil no es siempre la enfermedad en sí, sino el dolor, la fatiga o la pérdida de autonomía. Cuando el contacto con la naturaleza o la actividad física alivia esos síntomas, recuperan energía, mejor ánimo y ganas de volver a hacer cosas cotidianas: caminar, compartir con la familia, leer o simplemente concentrarse mejor. Además, al sentirse un poco más libres del malestar, pueden reflexionar con más claridad sobre lo que están viviendo, procesar emociones y conectarse con lo que es importante para ellos. Es una especie de espacio mental que se abre cuando disminuye la presión física. En resumen, al mejorar el estado físico, se liberan tensiones mentales, disminuyen los pensamientos rumiantes y surgen emociones más positivas, favoreciendo significativamente la salud mental del paciente.

Siguiendo con el tema de la actividad al aire libre ¿Qué señales o síntomas deberían llevar a un paciente a detener lo que está haciendo y comunicarlo a su equipo médico cuando realiza actividades en la naturaleza?

Con pacientes oncológicos se trabaja mucho según su tolerancia. Si una persona está extremadamente fatigada, tiene síntomas de infección, está en medio de un ciclo de quimioterapia que la deja inmunodeprimida o presenta dolor y debilidad importantes, no es recomendable que salga a caminar por un bosque ni haga esfuerzos grandes. La quimioterapia, por ejemplo, puede generar cansancio intenso, molestias o dolores, y en esas fases es mejor priorizar el descanso o actividades muy suaves. En cualquier caso, la regla es simple: si aparecen síntomas que preocupan fiebre, mareos, falta de aire, dolor fuerte, debilidad extrema o malestar que aumenta hay que parar y avisar al equipo médico. Dicho eso, también invito a los pacientes a moverse dentro de lo que cada uno pueda. Si esperamos a sentirnos “perfectos”, muchas veces no damos el primer paso y a veces basta empezar de a poquito para que el cuerpo y el ánimo acompañen. No se trata de ir a un bosque remoto; a veces basta con un jardín, un patio o un pequeño espacio verde cercano. Lo importante es hacerlo dentro de los límites seguros y escuchando al cuerpo, pero sin caer en la inactividad total, si no hay riesgos concretos.


¿Existe algún tipo de actividad física sobre todo al aire libre que esté más recomendada para ciertos procesos y tratamientos de personas con cáncer? Por ejemplo ¿Algo específico para la quimioterapia o para la radioterapia?

No existe un ejercicio “especial” para quimio o radio, pero sí sabemos que la capacidad física es medible y entrenable. Más allá del entorno al aire libre, hay distintos tipos de ejercicio: fuerza, aeróbico y flexibilidad, y cada uno cumple un rol distinto. El ejercicio aeróbico mejora la función cardíaca, el de fuerza mejora la función muscular y los de flexibilidad ayudan al equilibrio y la movilidad. Lo importante es que todos reducen estrés oxidativo, inflamación y acidosis tisular, factores que están presentes tanto en el cáncer como en otras enfermedades crónicas. Por eso el ejercicio beneficia a personas con cáncer igual que a personas con diabetes, obesidad o hipertensión: porque actúa sobre procesos fisiopatológicos comunes. El tratamiento convencional suele enfocarse en la enfermedad, por ejemplo, en el tumor, mientras que el ejercicio ayuda a mejorar lo que está detrás del problema. Y por eso debe ser individualizado: algunos pacientes necesitarán actividades al aire libre, otros un estímulo cardiovascular más intenso, según lo que cada cuerpo necesite para mejorar su salud global. También hay que mencionar que antes no se hablaba de esto, por eso muchos pacientes nunca recibieron la recomendación de hacer actividad física, aunque hoy sabemos que sí es beneficiosa y debería visibilizarse más.

¿Qué consejos le darías a una persona que está cursando una enfermedad y que quiere empezar a moverse y conectar con la naturaleza sin sobrecargar su cuerpo?

Lo primero es conocer su situación médica: riesgos, nivel de inmunodepresión, fatiga y dolor. Durante quimioterapia o radioterapia recomienda guardar reposo, evitar contagios y si quiere naturaleza, que sea desde un espacio seguro como un jardín en casa. Cuando ya tiene más fuerza o antes del tratamiento si está en condiciones puede comenzar muy de a poco: visitar jardines o bosques tranquilos, sin ruido ni celular, caminar si el terreno lo permite e incluso tomar contacto con la tierra si no hay riesgos. Todo puede ser muy beneficioso, pero siempre con cautela, progresivamente y con sentido común.

Insisto en que esto debe hacerse de la mano del médico, y hace un llamado a que los propios médicos se abran a acompañar a sus pacientes en este tipo de preguntas. Muchos pacientes terminan actuando solos porque no sienten esa guía. Lo ideal es una relación de total honestidad, donde el paciente cuente lo que quiere hacer y el médico pueda decir con libertad “esto sí”, “esto no” o incluso “no lo sé, déjame averiguarlo”. Para mí, esto es una invitación a que médicos y pacientes nos abramos a una mirada más integrada. Creo profundamente en la fusión entre la medicina convencional y estas otras prácticas que no son “alternativas”, porque ocurren en la misma persona: en su cuerpo, en su inflamación, en su ánimo.

una mirada más integrada

Esta forma de trabajar la he desarrollado por convicción, y los resultados suelen ser muy favorables. Por eso invito a quienes están enfermos y quieran reconectar con la naturaleza o con el movimiento a hacerlo con calma, escuchándose y siempre acompañados por su equipo médico; y para las personas que están sanas, siempre será un gran beneficio para la salud física, mental y espiritual.


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