tamarino león de cabeza dorada
Alternative Text
de 19. Febrero 2018

Tamarino león de cabeza dorada – Los últimos en su especie


Todo comenzó cuando quisimos viajar desde Recife (Noreste del Brasil) hasta el Salvador, pero luego algo sucedió entremedio, en verdad la peor de todas  las malas suertes que pudiera suceder. En todo Brasil reinaba el sol con más de treinta grados y llovió sólo sobre nuestras cabezas durante todo el viaje. Realmente sólo llovía justo en nuestra ruta hacia Salvador. Tras la primera semana de lluvia yo quería ir ya sea a Río de Janeiro o Belo Horizonte… ¿pero cómo se los podía explicar a mis padres?

A Río quería ir, pues allá viven unos monos poco comunes llamados titíes león de melena dorada y a Belo Horizonte, porque allí habitan los lobos de crin y se pueden ver libremente en el Parque Nacional. Entonces encontré algo emocionante en internet. En Ilheus aún se pueden apreciar los monos tamarino león de cabeza dorada, un lugar que estaba a sólo 1000 Km. Si hacemos algo así, la lluvia ya no me va a importar. No les voy a revelar mis trucos, pero mamá y papá se ablandaron.

Aproximación

El viaje ya era agotador y llevó cinco horas a la plantación de cacao  Fazenda Almada. Durante el camino nos detuvimos todo el tiempo para observar animales, como por ejemplo el exótico perezoso de collar u otras especies de monos, pero tan fácil no podía ser. Nos pasamos varias veces de largo y el viaje parecía no querer terminar. Después de mucho buscar por fin llegamos a Fazenda. La casa era enorme, con muchas habitaciones. ¡Todas para nosotros! La construcción era ancestralmente antigua, los muebles de pesada madera tropical y frente a la baranda comenzaba la selva.

¡Aquí vamos tras los últimos en su especie!

Al día siguiente partimos muy temprano. Bila, nuestro guía es biólogo. Usaba una antena direccional bajo el brazo y nos aventuramos en la vegetación. Tras tres horas de búsqueda todavía no habíamos visto ni siquiera la cola de un mono. Podíamos tener tan mala suerte y viajar 1000 Km por nada. Nuestro ánimo estaba un tanto tenso, mientras yo me preguntaba para qué teníamos una antena direccional cuando de pronto lo escuché. Empezó como un murmullo y lentamente seguido de un tick, tick, tick. ¡Los habíamos encontrado! Sinceramente ese fue un momento increíble y muy bonito para mí. Familias enteras saltaban sobre nuestras cabezas y algunos valientes se acercaban a pocos metros de nosotros. Durante dos horas completas disfrutamos del espectáculo y luego caminamos con nuestras botas de goma de regreso a Facenda. Para estos buscadores de monos, el día pasó muy rápido.

Al día siguiente en cambio, ya no fue tan emocionante. Fuimos en una canoa lista para el museo hacia un lago. En realidad un lindo lugar para pescar. Incluso pescamos uno de 5 cm. Increíble. Lamentablemente con esto se acababa nuestra estadía en Fazenda Almada y ahora estoy sentado en casa, pensando en aquellos fantásticos días y les escribo esta entrada en el blog.