Laguna del Maule
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de 26. Agosto 2021

Laguna del Maule, lugar de ensueño


Los alrededores de la Laguna del Maule ofrecen un escenario único para realizar excursiones y actividades durante todo el año. Los ciclistas aprovechan el fuerte viento del oeste para afrontar la ruta asfaltada hasta el Paso Pehuenche, o simplemente utilizan las e-bikes. Los aficionados de la fotografía encontrarán objetivos gratificantes en las innumerables formaciones geológicas que hay a lo largo de la carretera. Las lagunas más pequeñas, como la extraña Laguna Cari Lauren o la Laguna del Piojo, en cambio, sólo son accesibles de a pie. El Valle de los Cóndores es conocido internacionalmente entre los escaladores, con innumerables rutas y diversos grados de dificultad. Sin embargo, el paisaje es más bello en invierno. Esta es la época del año en la que dejamos huellas en el blanco intacto con nuestras raquetas de nieve. Para la mayoría de las actividades es necesario saber utilizar equipos y tener experiencia al aire libre. Lo mismo ocurre con el trekking por la Laguna del Maule, que dura varios días y es una de las experiencias más hermosas en la naturaleza desconocida y para uno mismo.

Diario de un caminante – Circuito Laguna del Maule

Día 1

Soy un caminante, nada más. Incluso cuando mi cuerpo descansa, mi alma se mueve, y cuando cierro los ojos, se me aparecen imágenes: Claramente, veo paisajes ante mí. No veo las famosas Torres del Paine, no veo las salinas blancas del desierto de Atacama, y no veo las montañas gigantes alrededor de Santiago. Cuando cierro los ojos y dejo vagar mi alma, veo un prado de flores amarillas y una laguna azul.

Veo un paisaje lunar estéril, cubierto de parches de nieve. La luz del sol se refleja mil veces en las olas de la profunda laguna azul. Poco después de la puesta de sol, la cinta blanca de la Vía Láctea se eleva sobre el lago. Millones de estrellas no dejan lugar a la noche negra. Por mucho que mis ojos intenten distinguir la oscura nada, aparece de nuevo una estrella que desplaza el espacio oscuro.

Me siento delante de la carpa, tengo los pies llenos de polvo, la cocina zumba y oigo voces suaves de la carpa vecina. Una linterna proyecta sombras sobre su carpa amarilla, dando a las voces cuerpos negros y planos. El juego de sombras nos habla de hoy, de un largo recorrido, de unos pies que no quieren seguir, pero que sin embargo se acercan paso a paso a la meta. Un objetivo imaginario que nosotros mismos desconocemos, que se alimenta de nuestra curiosidad. Esa curiosidad que está arraigada en nuestro interior y quiere saber qué hay más allá de la próxima cima. ¿Será un prado verde en el que se extienden mil flores, una llanura polvorienta o un arroyo cristalino camino del lago? Siguen existiendo, esas manchas blancas en el mapa de las que leemos poco, sólo oímos un rumor de vez en cuando. La naturaleza no se esconde de nosotros, sólo hemos olvidado cómo verla, y nosotros hemos olvidado cómo caminar.

Soy un caminante, nada más, y cuando cierro los ojos veo un prado de flores amarillas.

Día 2

Lo que no podemos entender, lo explicamos con la fe. No poder creer algo es como un momento de sorpresa que nos hace callar. A primera hora de la mañana, los primeros rayos de sol calientan las cumbres andinas del oeste de Argentina. Para evitar el calor del día, ya llevamos una hora de caminata en la región fronteriza de los Andes. Exuberantes pastos verdes miman nuestros ojos, las altas cumbres están adornadas por las últimas nieves del año y un extraño paisaje se refleja ya en nuestro destino azul del día. Tres arrieros se acercan a nosotros, sus caballos se hunden en la roca pómez blanca. Se detienen uno al lado del otro y no pueden creer que estén viendo gente aquí. Ellos no hablan una palabra, nosotros no hablamos una palabra: es uno de esos momentos sorprendentes que nos hacen callar.

En la pequeña Laguna Cari Lauren volvemos a acampar. No es fácil montar la carpa en la ligera y aireada roca pómez. Pero es fácil disfrutar del momento, porque no nos sentimos turistas. No pagamos la entrada a un parque, no teníamos ninguna expectativa. Aquí no hay nadie que nos haga sentir que no pertenecemos a este lugar. Aquí no hay nadie. Me acuesto en mi pequeña carpa, con mil estrellas encima que no puedo ver pero siento que mi cuerpo está echando raíces poco a poco.

Día 3

En nuestra última etapa alrededor de la Laguna del Maule, sin embargo, no son las raíces las que me clavan en el suelo, sino la enorme mochila. Se eleva sobre mi cabeza como una nube de tormenta y me deja sin aliento. Me roba el aire que tanto necesito en mis pulmones para acercarme a los tres mil metros. El aliento que necesito para plasmar el paisaje en palabras. Palabras que describen la Laguna del Maule, las montañas nevadas y el cielo azul profundo.

La última nieve cruje bajo las raquetas, vamos ligeramente bajando. Durante dos días casi no habíamos utilizado las raquetas de nieve, ahora por fin nos dan el placer que esperábamos. Aquí no hay pistas en la nieve, ni telesilla, ni siquiera recepción para nuestros teléfonos móviles. Sólo la sensación de estar cerca de la naturaleza. Pronto estaré en casa, disfrutando de mi comodidad y dejando que la vida cotidiana me lleve. Sin embargo, al atardecer, cuando todo está tranquilo en mi interior, cierro los ojos, dejo que mi alma vague y me siento en un prado de flores amarillas a la orilla de una laguna de color azul intenso.

Como Fundación Trekkingchile, hemos documentado 400 rutas de senderismo y montaña en Chile, hemos publicado libros sobre la flora, la fauna y la geología de Chile, y hemos publicado más de 20 mapas para caminantes. Nuestra aplicación de senderismo es líder en toda América Latina.


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