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de 19. Febrero 2018

Chile en camper – recorriendo el norte chico


Septiembre, Octubre y Noviembre son  los meses de primavera en el valle central y en el norte de Chile. Flores silvestres y cactus por doquier. Las aves construyen sus nidos y  la corriente de Humboldt rica en nutrientes atrae a las ballenas a  la costa. Con un poco de suerte ha llovido en el desierto durante el invierno y la tierra que en general es seca se transforma en una alfombra de colores. El fenómeno del desierto florido se puede apreciar entre Copiapó y La Serena cada un par de años. La primavera del año 2017 floreció como hace mucho tiempo no sucedía. Un motivo más por el cual viajar al llamado Norte Chico y para ello arrendamos un camper en Contactchile.

 Día 1

Para realizar nuestra corta excursión arrendamos un camper a fines de octubre. El viaje por supuesto se puede realizar en un auto normal y alojar en diferentes lugares. Luego de recibir nuestro Camper en Colina, cerca de Santiago, fuimos rápidamente   a comprar a un supermercado local  y luego nos lanzamos en dirección norte. Primero por la carretera que une todo el país, la Ruta 5, a través de la estepa  de matorrales hacia el fértil valle del Aconcagua. Pequeños puestos anuncian con letreros sus productos al borde de la carretera: aceitunas, higos chumbos y mandarinas. Tras 1,5 horas de viaje alcanzamos el océano Pacífico y llegamos al punto de vacaciones: Los Molles (215 km de Santiago). La playa es apta para baño, restaurantes sencillos, escuelas de buceo, alojamientos simples y pequeñas casitas de veraneo. En la playa nos compramos unas ricas empanadas frescas. A 200 metros termina la calle en uno de mis lugares favoritos frente al océano Pacífico. Hacia un lado, la vista se extiende a través de la amplia bahía, por el otro, el oleaje  rompe dramáticamente contra los pequeños islotes de roca negra, en los que  cormoranes, gaviotas y pelícanos se sientan impávidos a descansar. Las rocas se encuentran cubiertas fucales y algas. Estas últimas las cortan y juntan para secarlas al sol. Principalmente se exportan a Japón y China.

Un macizo rocoso se ve como si fuera un barco varado en el océano y las olas azules  y verdosas lo golpean y se introducen con mucha fuerza por un canal provocando un rugido salvaje. Una y otra vez lo mismo, pero siempre nuevo se produce el fenómeno de la ola N°100 cada 10 a 15 minutos con mucha mayor intensidad. Nosotros nos sentamos a una distancia segura y disfrutamos de este espectáculo natural.

Luego visitamos el Parque Puquén, un parque natural privado que protege una gran extensión de costa del acceso de las compañías de bienes raíces. Aquí existe una flora y fauna única y próspera compuesta por  varias especies de cactus y orquídeas silvestres, arbustos y flores silvestres. Debajo de los acantilados los lobos marinos y de vez en cuando los pingüinos retozan en el agua. Un sendero caminable en alrededor de 30 min. nos conduce hacia la máxima atracción pasando por diversos miradores. Nos dirigimos hacia el Puquén, una especie de geiser que se forma con  la rompiente de las olas. Desde una grieta a unos 60 metros sobre el nivel del mar, se dispara cada pocos minutos con un gran rugido, el cual es presionado por el oleaje a través de los canales en la roca y el agua sale con fuerza en forma de chorro hacia la superficie, lo cual recuerda el orificio de una ballena, y probablemente de allí viene el nombre Puquén, de la temprana cultura Molle. La entrada al parque se ubica al final de la calle el Lúcumo y a penas se puede percibir. Los fines de semana y durante el verano se paga una pequeña suma de entrada.

 Día  2

 Hoy se trata de aplanar kilómetros. Pasado Los Vilos se continúa por la Ruta 5 hacia el norte a través de lugares inhabitados y un paisaje semidesértico. De vez en cuando molinos de energía eólica nos recuerdan a los seres humanos. En realidad queríamos desviarnos hacia el Parque Nacional Fray Jorge, pero justo en la entrada había un letrero que dice que el parque se encuentra cerrado. ¡Una lástima! En ocasiones anteriores pudimos admirar la vegetación y la selva húmeda, que emerge como una especie de isla biológica que es endémica a 1000 Km al sur y aquí obtiene agua de la neblina costera que se cuelga de la empinada cordillera.

Entonces seguimos hacia  Guanaqueros, un pintoresco pueblo pesquero protegido por una península que  forma una pacifica bahía sin viento. Mientras paseamos   por la costanera, podemos observar a los pescadores y comerciantes trabajando. Dondequiera que se filetee el pescado, los gigantescos leones marinos que se mueven lentamente en el agua solo necesitan abrir la boca y  los restos de pescado  son lanzados al mar  como en la tierra de la leche y la miel. Por supuesto, hay muchos locales  justo en el puerto, donde los mariscos recién sacados del mar van  directamente al  plato. Y aquí tuvimos mucha suerte, pues era el día del cumpleaños de la ciudad y hubo presentación de grupos de música  y cueca para alegría de los visitantes y la sorpresa de los pelícanos y las gaviotas. Luego continuamos hacia el norte. Nuestro objetivo es encontrar en lo posible naturaleza y soledad, por lo que paramos sólo para cargar el tanque de bencina en la ciudad doble  Coquimbo – La Serena. La Ruta 5 en la salida norte de la Serena se ha transformado en una moderna autopista y se avanza de lo mejor. Por fin enfilamos en dirección a la costa y atravesamos el ancho valle de cactus candelabros hacia Punta de Choros. Los letreros advierten poner atención con los Guanacos. Hoy sin embargo no se cruzó ninguno en nuestro camino.

Punta de Choros, originalmente un pequeño y polvoriento pueblo de pescadores, es la puerta de entrada a una joya especial del Norte: la Reserva Natural Pingüino de Humboldt que  protege varias islas cercanas a la costa, hogar de una flora y fauna en gran parte intacta. Alrededor del 80% de todos los pingüinos de Humboldt viven en la isla de Chañaral; esta graciosa ave y  otras  70 especies  plumíferas grandes son nativas sólo en Chile. Desde el establecimiento de la reserva en 1990, muchos pescadores han adecuado  sus embarcaciones  para los visitantes, ya que  el turismo se ha convertido desde hace mucho tiempo en la principal fuente de ingresos para la zona. En Punta de Choros hay varios complejos de búngalos (cabañas), domos, lodges  y  lugares de camping. Nosotros recomendamos el sitio Memoruz (www.memoruz.cl), que se ubica en pequeña y protegida playa para mariscar con vista directa hacia la Isla Damas.

Los botes en Punta de Choros salen cada tanto tiempo a penas se junta un grupo de personas. La vuelta dura casi 3 horas y cuesta 10.000 pesos (13 EUR). Primero se navega a lo largo de la costa de la Isla Choros, donde durante todo el año se pueden admirar pingüinos, alcatraces, cormoranes y leones marinos de cerca. En el camino, algunos grupos de delfines nadan al lado del   bote: es la única colonia conocida de estos “delfines nariz de botella” en Chile. Finalmente llegamos a la Isla Damas para realizar una caminata a través de praderas de cactus y subir hasta el faro, desde donde la vista sobre la playa blanca, las aguas turquesas del mar y la cordillera de los Andes es suficiente.

Nosotros conocemos este tour en Punta de Choros por visitas anteriores así que esta vez seguimos de largo otros 26 Km. hasta Chañaral de Aceituno. También este pequeño poblado ha despertado gracias al turismo y ahora existen pequeños B&B como el Refugio Náutico, un par de cabañas sencillas y algunos locales de comida. Buscamos  un  estacionamiento en la  playa de piedra cubierta de rosas silvestres.

Día 3

¡Hoy queremos ver ballenas! En el puerto ya hay un bote listo y  casi no hay  viento, Se encuentra equipado con chalecos salvavidas y entra por   el estrecho entre el continente y la Isla de Chañaral. Las miradas  giran ansiosas  alrededor y pareciera que  solo hay olas grises.  Pero luego la primera llamada: “¡Allá atrás!” De hecho, vemos un chorro a gran distancia. El guía apunta hacia el lugar a toda velocidad. Nuestro guía Víctor sabe a la primera: Ballenas de Aleta, que después de la Ballena Azul son los mamíferos más grandes del mar y miden unos 27 metros de largo. La huella se pierde. El conductor del bote finalmente detiene el motor y esperamos. Pequeños grupos de aves marinas en la superficie nos muestras los puntos de  manchas de Kril. Allí pueden estar las ballenas. Este pequeño crustáceo es su alimento favorito y una ballena se come varias toneladas al día…y de pronto vemos los primeros lomos largos y grises asomarse del agua.  La ballena de aleta se da sus vueltas y no se encuentra sola. Pronto estamos rodeados de media docena de estos enormes animales, algunos a sólo 50 metros de distancia  del bote. De vez en cuando lanzan un chorro. Otras veces se alza una majestuosa aleta que le proporciona el nombre  y una vez, una de las ballenas gira para que podamos admirar su enorme cola empinada. Víctor dice que las ballenas, que fueron cazadas sin piedad hasta mediados del siglo XX frente a la costa chilena, están regresando gradualmente. No solo las ballenas de aleta, sino también las ballenas jorobadas  e incluso las azules  vienen a mediados de enero  a la reserva natural debido a la gran oferta de kril que existe aquí. Nos cuesta liberarnos de tan maravilloso espectáculo y finalmente continuamos navegando hacia la Isla Chañaral. Allí nos esperan los pingüinos de Humboldt, que han cavado sus cuevas entre las rocas para hacer sus nidos y bajan en pequeños grupos a pescar. En los islotes los lobos marinos retozan al sol. En este lugar se ven dos especies de ellos: el león marino sudamericano, también llamado lobo marino común  y el lobo marino fino austral, que es más escaso y  reconocible por su cabeza finamente cortada y orejas distintas. Entre las rocas de la orilla husmea otro tímido mamífero marino: el  Chungungo (nutria de mar) que es tan rápido que apenas se deja captar por la cámara. Gran cantidad de aves marinas anidan en los acantilados. Uno se puede sentir relativamente seguro, la isla claro está cerrada para los visitantes, sólo los guarda parques y los investigadores pueden pisarla.

En el camino de regreso tenemos suerte otra vez: un grupo de ballenas piloto y  un  curioso grupo de delfines de cabeza redonda, acompañan al bote. Los simpáticos animales con el cuerpo gris claro de 6 metros de largo saltan a nuestro alrededor y la  las aletas dorsales se asoman del agua durante la persecución justo al lado y en frente de nosotros. ¡Qué gran gira!

Chañaral de Aceituno es casi una información privilegiada. Ofrece la posibilidad más fácil y económica de observar ballenas en todo Chile. Aunque están presentes en las costas de la isla de Chiloé, en el Golfo de Corcovado o en los canales de la Patagonia, es mucho más difícil localizarlos, y los pocos viajes regulares son mucho más caros que aquí (En Chañaral val sólo unos 12,000 pesos / unos 16 euros por persona).

Una vez en tierra nos fortalecemos en un pequeño restaurante ubicado directo en el puerto. Luego volvemos al camino, ya que queremos ganar altura para visitar las llanuras altiplánicas mañana por la mañana. A través de un camino bien asfaltado con una mezcla salina nos dirigimos otra vez hacia la Ruta 5 y continuamos a Copiapó, Capital de la Región de Atacama. Cargamos combustible, ya que ahora en adelante nos esperan 530 Km en un solitario desierto en altura. (Aquellos que no viajan en Camper, pueden solicitar un tour por el día a Copiapó, suponiendo que se trate de un vehículo todo terreno con suficiente autonomía).

Dejamos  Copiapó para salir en dirección noreste y luego de 16 km tomamos la Ruta 31 hacia Paso San Francisco. La capa de Bischofita  permite un rápido avance en el Valle de San Andrés, sólo que de vez en cuando la pista está llena de baches: aquí hubo un aluvión en 2015 debido a las  fuertes lluvias y el deslave de la Cordillera de los Andes bajó hacia el valle y  destruyó calles, pueblos y el centro de Copiapó. A una altura de más de 2000 m, un riachuelo  serpentea a través de una verde llanura, donde pasamos la noche. La puesta de sol tiñe   los acantilados de  rojo y la noche nos muestra las estrellas con una claridad excepcional.

Día 4

El sol naciente baña el alto valle bajo una luz fresca. Después de tomar fotos y desayunar, pasamos por alturas realmente vertiginosas. Pronto se alcanzan los 4000 metros y un letrero nos indica la altura al igual que nuestro corto aliento y lo notamos al dar poco pasos para tomar fotografías. En el borde del camino las puntas blancas de los Penitentes  se destacan y anuncian vientos helados. Desde el paso de Codoceo a 4300 m de altitud, la vista se ensancha sobre el Altiplano y detrás se ven las cumbres de  los seis miles.

Ahora nos dirigimos al Salar de Maricunga, una gigante superficie salada. El solitario guardia fronterizo, que maneja el tráfico hacia Argentina,  amablemente abre la barrera y nos hace señas  cuando le decimos que nos quedaremos en Chile; ni siquiera quiere ver nuestros pasaportes…

El asfalto es  de primera clase y continuamos por el solitario desierto en altura; en total nos encontramos  con otros cuatro vehículos durante el día de  hoy durante nuestra   gira por  el Parque Nacional Nevado Tres Cruces. Unas pocas y graciosas vicuñas nos distraen del espacio sin fin; se han adaptado perfectamente a la altura estéril. El camino llega a unos impresionantes 4600 metros y  luego a mano  derecha se vislumbra el macizo  de los Ojos de Salado en una imagen difusa. Con sus 6893 m es la montaña más alta de Chile y al mismo tiempo el volcán más alto del mundo. Se recomienda precaución al salir del automóvil: ¡El viento extremo casi arranca la puerta del automóvil!

Después de una curva, viene la  sensación visual: una superficie  azul verdosa con  costras de sal blanca alrededor y coronas de espuma  blanca sobre  el agua.  Detrás de ella varios gigantes volcánicos de color marrón rojizo: es la Laguna Verde, nuestro destino del día. En la orilla, el viento silba con tanta fuerza que no podemos obligarnos a subir a la piscina termal de agua que se siente tibia al tocarla con la mano. Un poco más allá  también hay  un pequeño refugio, pero no parece muy atractivo.

Regresamos y de vuelta en el Salar de Maricunga, tomamos una ruta alternativa muy accidentada hacia Copiapó. Pasa  a través por   la Laguna Santa Rosa de agua salada.  Desde un punto, casi podemos ver los flamencos desde arriba en las aguas azules y profundas. El camino sigue por  un  paso, cuya vista es fantástica y luego va  a través de la pintoresca Quebrada de Paipote, bajando los 4000 m. Estamos contentos de poder cuidar el combustible  cuesta abajo, pero  el indicador se muestra amenazante en el último tercio … ¿Habría sido mejor traer un bidón?

Al final,  llegamos a Copiapó. Después de tanta soledad, es difícil soportar el taco en la hora en que la gente sale de su trabajo. Llenamos los suministros de bencina y cerveza y huimos hacia el sur. En el km 713 (92 km de Copiapó) giramos hacia el oeste desde la carretera. Desde lejos, la llanura brilla de color  violeta y ahora nos adentramos en ella: ¡Es el desierto en flor! El sol de la tarde baña las flores predominantemente moradas, pero también son amarillas y blancas y  cubren el suelo estéril, en una luz surrealista. El punto más alto del fenómeno ya ha pasado hace unas 4 a 5 semanas y  muchas flores ya están marchitas, pero la Pata de Guanaco morada brilla con todo su esplendor.

Estacionamos el camper con precaución  para que no aplastar las  flores y estiramos  las sillas de camping y disfrutamos de la noche en el desierto solitario  entre las siluetas de los cactus candelabro. Sobre nosotros se extiende  un magnífico cielo estrellado.

Día 5

 Incluso aquellos que viajan fuera de  temporada y no ven el desierto florido pueden realizar la misma ruta aquí descrita, pero vayan directamente hacia el pequeño y hermoso Parque Nacional Llanos de Challe,  pasando de largo por el   Canto del Agua. El parque  protege la vegetación de la escarpada Cordillera de la Costa  con más de 200 especies de plantas diferentes, incluidos numerosos cactus endémicos, pero la mayor atracción es, sin duda, los guanacos. Los camélidos salvajes, escasos  en el norte y el centro de Chile, no llegan a altitudes tan altas como sus parientes más dulces, las Vicuñas, pero se pueden encontrar  entre el nivel del mar y aproximadamente  los 3500 m. Aquí en el parque han encontrado un refugio. Tampoco tenemos que esperar mucho y  pronto aparecen  los primeros grupos no  lejos de la carretera. Mientras que la mayoría están pastando, uno de los animales vigila y hace llamadas de advertencia cuando el peligro amenaza.

El camino  cruza el parque y llega a la carretera costera entre Caldera y Huasco. Poco después llegamos a Playa Blanca, una deslumbrante playa blanca de ensueño, que también pertenece al Parque Nacional. Hay un pequeño centro de información y un camping idílico. Aunque, como dice  el cartel, está cerrado debido a la falta de agua, pero aún así algunas personas acampan aquí. La playa te invita a tomar un baño, pero no duramos mucho tiempo en las aguas congeladas del Pacífico.

En la ciudad portuaria de Huasco, paseamos por el embarcadero y comemos pescado fresco antes de regresar. A través de los olivares, donde prosperan las famosas Aceitunas de Huasco, volvemos a la Ruta 5. Por la noche pernoctamos en la playa de Guanaqueros.

 

Día  6

Hoy son   600 km de regreso a Santiago. En el camino, hay tiempo para una escapada de Empanada en Los Molles, donde esperamos algunas  “olas 100” y nos despedimos del Pacífico. Un viaje maravilloso llega a su fin.