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Circuito Dientes de Navarino

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Contacto: Karin Brinkmann

Duración: 5 Días

Región: XII

Dificultad: Difícil

Ubicación: Isla Navarino

Punto de partida: Pto Williams

Página web recomendada: http://www.senderodechile.cl/1302/propertyvalue-13055.html

Como llegar:
Desde Pta Arenas a pto Williams hay 2 alternativas: línea aérea local DAP tiene vuelos diarios. Otra alternativa es vía marítima, 36 hrs, frecuencia 2 veces por semana

Descripción:
Desde que tuve conocimiento de la existencia del Circuito de Los Dientes de Navarino tuve la tentación permanente de intentarlo. Los circuitos de Torres del Paine ya los había recorrido y, aunque el paisaje es majestuoso y sobrecogedor ha perdido encanto por estar extremadamente sobrepoblado con un exceso de visitantes. El turismo masivo está dejando sus huellas y el deterioro propio del trajín humano está invadiendo hasta los rincones más alejados de ese hermoso parque.
Durante el año me dediqué a recopilar información lo cual no fue fácil porque no hay mucha. Sabía de algunas pocas personas que lo habían hecho, contando que es hermoso pero bastante más duro que Torres del Paine, y con algunos pasos bastante complicados.

En las oficinas de Bienes Nacionales obtuve un folleto con explicaciones detalladas del recorrido y su señalización, aunque me advirtieron que las señales son antiguas y muchas de ellas están borradas o ya no existen.

Después de algunos preparativos y acompañada de mi hermana, tan entusiasta como yo, abordamos el 14 de Enero el avión DAP de 20 pasajeros que nos llevó a la isla Navarino a orillas de canal Beagle .
Después de poco más de una hora de un vuelo espectacular pasando por entre las montañas de la cordillera Darwin, viendo ventisqueros desde la altura y, ya llegando, la pequeña pero pujante ciudad argentina de Ushuaia, aterrizamos en el poblado de Pto Williams. Obviamente el transporte que habíamos solicitado para que nos trasladara del aeropuerto al hostal que habíamos reservado nunca llegó pero no faltó el vecino de buena voluntad que se ofreció a llevarnos en uno de los pocos vehículos que circulan por las calles del pueblo.

En Pto Williams existe una hostería ( Lakutaia ) nueva y de buen nivel , orientada hacia el turismo extranjero que se está abriendo fuerte hacia esa zona, y una serie de hostales que más bien son casas de familia que han adaptado algunas habitaciones para dar alojamiento. Nos acomodamos en el hostal Pusaki y a poco andar ya estábamos integradas al ambiente familiar e internacional compartiendo con una pareja de italianos, un holandés una pareja de suecos, una pareja de antropólogos chilenos que estaba haciendo excavaciones y muchos más que acudían a los turnos de almuerzo o cena en el pequeño comedor. Paty, la dueña, dirige todo con mano firme y un carácter endemoniado que ella misma reconoce, pero se gana el cariño de todos rápidamente con su calidez y desenfado. Recibe llamados y postales de todas partes del mundo y su mayonesa casera con ajo y perejil ha alcanzado fama internacional.

Al día siguiente partimos, después de un desayuno retrasado porque no había pan hasta después de las 9, a nuestra aventura. Caminamos, mochila al hombro, por cerca de una hora hasta llegar al punto de partida del circuito. Allí tuvimos nuestras primeras dudas y, ley de Murphy, entre las alternativas que había tomamos el camino equivocado. Después de dos horas internadas en el bosque y cuando ya no había por donde seguir nos convencimos que estábamos mal y volvimos al punto de partida.
Recién después del tercer intento y a las tres de la tarde dimos finalmente con la piedra señalizada que marcaba el punto de partida. No es tan difícil encontrarla, pero hay que saber por donde…
Seguir las marcas en los árboles fue fácil y, aunque ya algo cansadas por estar subiendo el cerro por tercera vez, no nos desmoralizamos ni siquiera con la llovizna que comenzó a caer. Sin embargo, llegando a la cumbre del cerro Bandera ( primera parte de ese tramo de camino) y dejando atrás la protección del bosque nos encontramos con una planicie de piedra que nos dejó expuestas al viento, lluvia, granizo y aguanieve que a poco andar nos empapó hasta los huesos. Porfiadas seguimos algunas señales aisladas en forma de monolitos de piedra hasta llegar a un punto en que divisamos, por la ladera del cerro hacia abajo una laguna que supusimos era la laguna del Salto, fin de la primera de las cinco jornadas del circuito y lugar indicado para acampar.
La visibilidad era cada vez peor, la ladera muy escarpada hasta llegar a la línea del bosque y no encontramos nunca el punto por donde había que descender. A las seis y media de la tarde, empapadas y con los zapatos llenos de agua que nos corría por los pantalones, y ante la imposibilidad de armar una carpa expuesta a ese temporal, decidimos regresar. Llegamos al hostal entrando la noche , después de 11 hrs de caminata, frustradas y agotadas, con el ánimo justo para disfrutar una ducha calíente, un tecito con pan que nos ofreció Paty ( ya habían pasado los turnos de cena ) y a la celestial cama.
Al día siguiente aprovechamos las horas de sol para secar ropa y zapatos.

Reevaluando la situación decidimos renunciar a reintentar el circuito completo por dos razones: no nos quedaba el tiempo suficiente y por razones de seguridad. Era demasiado arriesgado adentrarse a esas soledades las dos solas, por las características del trayecto, bastante escarpado y pendientes fuertes con piedrecilla suelta. Si alguna se accidentaba tendría que quedar sola mientras la otra iba por ayuda a más de un día de camino.
Al tercer día, y una vez secos los zapatos, partimos nuevamente, pero esta vez sin mochila, a reintentar el primer tramo del Circuito, por el día.
Fue maravilloso, espectacular, no hay palabras para describir la belleza del paisaje. Nos adentramos por el valle del río Robalo ( terreno boscoso y pantanoso, hay que mirar muy bien dónde se pisa ) hasta llegar a la Laguna El Salto ( la meta del primer día que no pudimos lograr ) Represas de castores por donde se mire. Después de un breve descanso a orillas de la laguna subimos literalmente “ en cuatro patas” la ladera pedregosa y de fuerte pendiente del Cerro Bandera y casi llegando a la cima nos topamos con una huella que había que adivinar entre las piedras y una que otra señal deslavada: era la ruta del circuito que bajaba a la laguna y que no pudimos encontrar en el temporal del primer día. La vista desde esta altura nos dejó mudas: Hacia la derecha se extiende el valle del Río Robalo con sus bosques y represas, desembocando finalmente en el canal Beagle y divisando al otro lado la costa del sur de Tierra del Fuego. Frente a nosotros cerros con algunos manchones de nieve y una decena de lagunitas incrustadas entre los cerros a distinta altura. A la izquierda los Dientes de Navarino al alcance de la mano, con sus cumbres aserradas. Todo absolutamente virgen de intervención humana.
Regresamos por la planicie pedregosa del cerro Bandera, la cual habíamos tenido el gusto de disfrutar en pleno temporal el primer día.
Llegamos cansadas pero felices. Solo ese día ya había justificado plenamente el viaje. Fue una experiencia inolvidable.

Al día siguiente volamos de regreso a Pta Arenas, desechando la opción de regresar en barcaza por no contar con el tiempo suficiente para esperarla. Zarpa los sábados y demora 36 hrs en llegar a Pta Arenas. Dicen que el viaje vale la pena. En un futuro próximo lo haré de todas maneras.
Estoy decidida a reintentar nuevamente hacer el circuito completo, si es posible el próximo verano, en diciembre o enero. Ahora ya sé que hay que tener tiempo suficiente como para perder unos días si las condiciones climáticas no acompañan, tener un estado físico adecuado, estar dispuesto a pasar pellejerías, formar un grupo de idealmente 3 o 4 personas y que todos tengan experiencia en terreno montañoso. Y además llevar un GPS por las dudas.

Tengo la impresión que esta región maravillosa es más conocida en el extranjero que en nuestro país. Es el momento de conocerla y recorrerla antes de que la empresa del turismo la convierta en una segunda Torres del Paine.



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