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Permanencia en gran altura

Capacidad de adaptación a la altura

A diferencia de los tibetanos y nepaleses, los cuales a través de muchos milenios se han adaptado a grandes alturas, la permanencia en estos lugares para nosotros puede ser sólo temporal. Incluso los pueblos aborígenes de América del Sur asentados en el altiplano, como los quechuas y los aymaras, no se han podido adaptar hasta el día de hoy del todo. Una variante crónica del mal de montaña los obliga en parte a trasladarse a zonas más bajas. A partir de 5.300 m. se produce un descenso continuo del rendimiento que tarde o temprano conduce a la muerte por agotamiento.

Cuidado con los altímetros

Los altímetros que indican la altura a través de la medición de la presión atmosférica deben ser ajustados constantemente. Pruebas prácticas realizadas con diferente altímetros reloj demostraron, que por cada 1.000 m. de ascenso estos instrumentos indican entre 50 y 80 m. menos. A raíz de esto se puede llegar a pensar, por ejemplo, que se está acampando a 4.700 m., pero en realidad uno se encuentra por sobre los 5.000 metros. Ésta es una diferencia que puede tener repercusiones drásticas a esta altura. Debido a que el aire es compresible, la presión atmosférica adopta una forma curva a medida que aumenta la altura. Sin embargo, los altímetros trabajan en forma lineal, por lo que incluso en los mejores modelos, resultan diferencias de altura.


Mecanismos de adaptación

Sin mecanismos de adaptación del cuerpo podríamos alcanzar alturas de solamente 5.000 metros. Los mecanismos más importantes de adaptación a la altura son en primer lugar un aumento de la frecuencia y profundidad de la respiración (hiperventilación), lo cual tiene una importancia aproximada de un 60%. Un aumento en la producción de glóbulos rojos mejora la adaptación en un 20% más y una elevada utilización del oxígeno por la células completa el 20% restante. La frecuencia de la respiración es controlada, en condiciones normales, por la presión del dióxido de carbono en la sangre. Pero, con el aumento de la altura ésta no aumenta en la misma medida. Por lo que el cuerpo regula la respiración en la altura a través de la saturación de oxígeno en la sangre de las arterias. La hiperventilación conduce a una exhalación de dióxido de carbono y por consiguiente aumenta el contenido de oxígeno en los alvéolos pulmonares.

Respiración de Cheyne-Stoke

En la noche pareciera que a veces olvidamos parcialmente la respiración. Repentinamente nos damos cuenta de esto y respiramos rápido y profundo, como un buceador emergiendo. Cuando uno está dormido, tales pausas de respiración son perceptibles, por lo general, solamente para nuestro compañero de carpa. Estas dificultades respiratorias persisten a una misma altura, en la mayoría de los casos, sólo las primeras noches.

 
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